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Ciencia y humanismo se dan la mano en la lucha contra las epidemias

Los ganadores de los Premios Solidari@s 2026.

El salón de actos del Consejo General de Colegios Oficiales de Médicos (CGCOM) ha acogido esta semana la 14ª Jornada de Actualización de la Red TBS-Stop Epidemias —entidad en la que Asomega participa activamente—. En ella se reafirmó que la salud es, en gran medida, una cuestión de equidad y justicia social.

Los ganadores de los Premios Solidari@s 2026.

Los ganadores de los Premios Solidari@s 2026.

El doctor Julio Ancochea, presidente de Asomega y del Comité Científico de la Red TBS, destaca en sus reflexiones sobre este encuentro una realidad alarmante: la tuberculosis ha resurgido como principal causa de muerte por enfermedad infecciosa en el mundo, con 10,7 millones de personas enfermas en 2024. Ante lo que él define como una "epidemia de injusticia", defiende la necesidad de actuar con equidad y empatía.

La jornada contó con una nutrida representación institucional y científica de primer nivel. Destacaron figuras como Tereza Kasaeva, directora del Programa Global de Tuberculosis de la OMS, Tomás Cobo, presidente del CGCOM, y Julia del Amo, responsable de la división de VIH, ITS y tuberculosis del Ministerio de Sanidad. Durante las mesas de debate se abordaron retos tan específicos como la salud pública en centros penitenciarios, de la mano de Enrique Acín, o la vigilancia genómica de la transmisión de la tuberculosis, analizada por el investigador Darío García de Viedma. Especialmente notoria fue la mesa dedicada a la ética, donde el profesor Benjamín Herreros desgranó los pilares de la bioética en la salud pública, mientras que la industria farmacéutica debatió sobre sostenibilidad y equidad respiratoria.

Un reconocimiento especial a la armonía solidaria de A Contraluz

El momento más emotivo de la jornada llegó con la entrega de los Premios Solidari@s 2026. En la categoría de Iniciativa Solidaria el galardón recayó en el grupo musical A Contraluz. Esta formación, compuesta por más de 50 amigos unidos desde su etapa universitaria, es un viejo conocido de la familia Asomega: el pasado mes de diciembre llenó el madrileño Teatro Nuevo Alcalá en un concierto solidario promovido por Asomega Axuda para recaudar fondos destinados al Sáhara Occidental y la Fundación Recover.

La Red TBS ha premiado su "amor al arte" y su capacidad para proyectar esperanza: todo lo recaudado en sus actuaciones se destina íntegramente a labores humanitarias. Tras 25 años colaborando con entidades como Adela, Aladina o la propia Asomega, A Contraluz demuestra con su ejemplo que la música puede ser motor de cambio hacia un mundo más equitativo.

Excelencia médica y compromiso con los olvidados

El palmarés de esta undécima edición de los premios se completó con nombres de extraordinaria relevancia:

  • Trayectoria y Mérito: Antonio García García, catedrático emérito de la UAM, fue distinguido por una vida dedicada a la farmacología y la neuroprotección, sin olvidar su faceta como impulsor de la poesía entre los estudiantes de Medicina.
  • Compromiso Solidario: La entidad Hogar Sí recibió el premio por su lucha incansable de 28 años contra el sinhogarismo, trabajando para que nadie viva a la intemperie.
  • Sensibilización Social: La Plataforma del Voluntariado de España fue reconocida en su 40º aniversario como referente nacional en la promoción de la acción altruista que agrupa a más de 29.000 asociaciones.

El periodismo como herramienta de cohesión

La comunicación también tuvo su espacio con los premios a Andrea Rizzi (Comunicación Consciente), por su rigor y análisis geopolítico veraz en tiempos de desinformación , y a La Sexta Noticias (Contribución a la Cohesión Social) por el serial “Sin ellos. Este trabajo de Beatriz Correal y Sergio Illescas puso rostro y humanidad a los trabajadores inmigrantes esenciales en nuestra economía, combatiendo estigmas con empatía.

La jornada concluyó con un mensaje claro: la solidaridad es la mejor vacuna contra las epidemias que afectan a los más vulnerables.

Cristina Alonso: "Lo que Galicia haga bien en envejecimiento hoy, España lo necesitará mañana"

Cristina Alonso

La incorporación de Cristina Alonso Bouzón a la Junta Directiva de Asomega supone un refuerzo estratégico de primer nivel justo cuando la asociación busca consolidarse como puente de talento sanitario. Su trayectoria, que une clínica, gestión e investigación, vive ahora un momento clave: tras años de experiencia en Madrid, donde además presidió la Sociedad Española de Medicina Geriátrica, Alonso regresa a Galicia para liderar un desafío mayúsculo: la puesta en marcha de la Medicina Geriátrica en el Hospital de Pontevedra

En esta entrevista, Cristina Alonso disecciona con valentía la necesidad de romper con una narrativa que reduce al mayor a la categoría de "paciente complejo". Su propuesta es clara y ambiciosa: el sistema sanitario debe dejar de centrarse en la enfermedad para pivotar sobre la capacidad funcional y la trayectoria vital de la persona. Además, denuncia con firmeza el "edadismo científico" y defiende que la excelencia técnica es inseparable del respeto a la dignidad humana.

Para la nueva vocal de Asomega, Galicia tiene la oportunidad de dejar de ser solo un caso de estudio demográfico para convertirse en el referente de una geriatría moderna y exportable, donde el sistema sea el que se adapte a la persona y no al revés.

Cristina Alonso Bouzón.

Cristina Alonso Bouzón.

Se incorpora a la Directiva de Asomega en un momento de gran dinamismo para la asociación. ¿Qué objetivos personales y profesionales se marca en esta nueva etapa?
Me incorporo con una enorme ilusión... Asomega vive un momento de expansión y apertura, y creo que es muy buen momento para consolidar su papel como puente entre Galicia y el talento sanitario gallego tanto dentro como fuera de nuestra comunidad.

En lo personal, quiero contribuir activamente a generar cambios en mi tierra. En lo profesional, deseo poner al servicio de la asociación mi experiencia en el campo del envejecimiento, fortaleciendo el ámbito de la Geriatría, impulsando espacios de reflexión sobre el reto demográfico y ayudando a que Asomega sea un foro de pensamiento estratégico sobre el futuro de la medicina en Galicia.

Como experta en Geriatría, ¿cómo cree que el grupo de trabajo Asomega Maiores puede influir en la mejora de la atención a los mayores gallegos?
Galicia es uno de los territorios más envejecidos de Europa. Eso es un reto enorme y ofrece una oportunidad de cambio. En ese sentido, el grupo Asomega Maiores puede convertirse en un espacio de referencia como generador de cambio aportando en tres niveles diferentes:

  • Contribuyendo a la sensibilización social, visibilizando las necesidades reales para mejorar la salud de las personas mayores.
  • Favoreciendo espacios de formación, promoviendo una cambio de cultura desde la medicina centrada en la enfermedad a la medicina centrada, como recomienda la Organización Mundial de la Salud, en la capacidad funcional.
  • Influyendo en la política sanitaria, aportando análisis técnicos y propuestas viables para adaptar el sistema sanitario gallego a las necesidades de todas las personas mayores.

Si logramos cambiar la narrativa —de “paciente complejo” a “persona con trayectoria vital”— ya estaremos transformando la atención.

Ahora asume el desafío de poner en marcha la Medicina Geriátrica en el Hospital de Pontevedra. ¿Por qué decide dar este paso en este momento de su carrera?
Creo que es un momento muy adecuado en mi trayectoria profesional. Después de años de experiencia clínica, de participación en proyectos de investigación y de trabajo también en el ámbito de la salud pública, siento que puedo aportar una visión innovadora sobre el envejecimiento y la organización de la atención a las personas mayores.

Me motiva especialmente la oportunidad de contribuir al desarrollo de la Geriatría en Galicia y de trabajar desde el hospital en colaboración con otros profesionales para mejorar la atención a una población cada vez más longeva.

Más que crear una estructura nueva, el reto es impulsar una forma de trabajar que ponga el foco en la funcionalidad, la coordinación entre niveles asistenciales y la atención integral a la persona mayor. En un territorio como Galicia, con uno de los índices de envejecimiento más altos de Europa, avanzar en este modelo es especialmente relevante.

Desde su experiencia, ¿cuáles son los pilares irrenunciables sobre los que debería construirse una buena atención geriátrica en el ámbito hospitalario?
La geriatría moderna se apoya en algunos pilares muy claros. En primer lugar, la Valoración Geriátrica Integral, que permite entender al paciente mayor en toda su complejidad: no solo la enfermedad, sino también su funcionalidad, su situación cognitiva, social y su entorno.

En segundo lugar, el trabajo interdisciplinar, donde distintos profesionales aportan miradas complementarias para construir planes de atención realmente centrados en la persona.

Otro elemento clave es el enfoque en la funcionalidad y la calidad de vida. En las personas mayores, el objetivo no es solo tratar enfermedades, sino preservar la autonomía y la capacidad de vivir con sentido.

También es fundamental la continuidad asistencial, evitando que el paciente tenga que navegar solo entre hospital, atención primaria y recursos sociales.

Y, por supuesto, la docencia y la investigación, porque un servicio que no genera conocimiento ni forma profesionales difícilmente puede adaptarse a los retos del envejecimiento.

En definitiva, la geriatría aporta una mirada transversal que ayuda a que el sistema sanitario responda mejor a las necesidades de una población cada vez más longeva.

En algunas intervenciones ha denunciado la exclusión de los mayores en la investigación. ¿Cómo se puede combatir este "edadismo científico"?
El edadismo científico es una forma silenciosa de inequidad. Durante mucho tiempo, las personas mayores han estado infrarrepresentadas en los ensayos clínicos, a pesar de ser quienes más utilizan los sistemas sanitarios.

Combatirlo exige varias acciones claras. En primer lugar, garantizar una representación adecuada de personas mayores en los ensayos clínicos, salvo cuando exista una contraindicación justificada. En segundo lugar, diseñar estudios que midan variables realmente relevantes en esta etapa de la vida, como la funcionalidad, la fragilidad o la calidad de vida. Y también formar investigadores con sensibilidad geriátrica.

Además, es importante avanzar hacia marcos regulatorios que fomenten o incluso exijan que los estudios incluyan poblaciones que reflejen a los pacientes reales, incluyendo personas mayores con multimorbilidad.

Si queremos una medicina verdaderamente basada en la evidencia, esa evidencia tiene que representar a quienes atendemos cada día en la práctica clínica.

Galicia es un laboratorio demográfico por su alto índice de envejecimiento. ¿Cree puede aportar un modelo de geriatría exportable al resto de España?
Sin duda. Galicia es un laboratorio demográfico real. Si conseguimos articular una red sólida de atención geriátrica integrada —hospital, primaria, residencias y ámbito comunitario— estaremos generando un modelo replicable.

La clave no es centrarse en hacer más recursos, sino organizarlos mejor y orientarlos a la funcionalidad y la prevención de la dependencia.

Lo que Galicia haga bien en envejecimiento hoy, España lo necesitará mañana.

En un sistema a menudo fragmentado, ¿qué hay que hacer para que el paciente mayor no se sienta perdido?
La persona mayor no debe adaptarse al sistema sanitario; el sistema sanitario debe adaptarse a la persona mayor.

Para ello necesitamos referentes claros, coordinación real entre los distintos niveles asistenciales y planes de cuidados comprensibles, elaborados teniendo en cuenta las voluntades y prioridades de la persona mayor y compartidos entre todos los profesionales y agentes que participan en su atención.

Y también algo muy simple, pero muchas veces olvidado: tiempo para explicar.

Cuando la persona mayor entiende lo que le ocurre, sabe cuáles son los objetivos de su cuidado y siente que su voz cuenta en las decisiones, deja de sentirse perdida y pasa a sentirse acompañada.

Su perfil une clínica, gestión e investigación. ¿Qué mensaje enviaría a las nuevas generaciones de geriatras que ven en usted un referente?
Lo primero les felicitaría por haber elegido la especialidad más bonita de la Medicina. La Geriatría es una especialidad extraordinariamente abierta, que permite desarrollar trayectorias profesionales muy diversas. Dentro de ella caben múltiples ámbitos de especialización: la ortogeriatría, oncogeriatría, hematogeriatría, cardiogeriatría, la atención en unidades de agudos, el abordaje de la recuperación funcional, la prevención del deterioro funcional mediante el abordaje de la fragilidad clínica, los cuidados paliativos, la atención comunitaria tanto en personas institucionalizadas como aquellas que viven en domicilio... Es una especialidad que abre muchas puertas. Pero además trabajamos con personas mayores, que son quienes sostienen gran parte de la memoria. Atenderlas, además de un reto, es también una oportunidad de aprendizaje humano constante. No es casualidad que, en distintas encuestas profesionales, la Geriatría aparezca como una de las especialidades que genera mayor satisfacción entre quienes la ejercen.

Además les diría que no renuncien a la excelencia científica por el hecho de trabajar con personas mayores y les animaría a no limitar su desarrollo profesional únicamente a la práctica clínica. El reto del envejecimiento de la población es tan grande que necesitamos geriatras implicados en muchos otros ámbitos: la docencia, la investigación, la gestión sanitaria o la salud pública.

¿Cómo puede Asomega ayudar a difundir esa necesidad de una "medicina con alma" que trate adecuadamente a la persona mayor?
Asomega tiene la capacidad de generar discurso. Y el discurso construye cultura profesional.

Puede hacerlo promoviendo debates éticos, difundiendo buenas prácticas, visibilizando investigación rigurosa y defendiendo públicamente que la atención a la persona mayor necesita una atención sanitaria adaptada a sus necesidades. Invertir en esto es invertir dignidad, en calidad de vida y en el tipo de sociedad que queremos ser.

Porque la medicina con alma no significa hacer una medicina más blanda, sino hacer una medicina mejor: más rigurosa, más consciente de la complejidad y más centrada en la persona.

Javier García-Samaniego Rey: sagacidad clínica y compromiso humano se suman a Asomega

Javier García Samaniego, coordinador de la Alianza para la Eliminación de las Hepatitis Víricas en España (AEHVE), jefe de la sección de Hepatología del Hospital Universitario La Paz de Madrid y socio de Asomega.

La incorporación de Javier García-Samaniego Rey a la Junta Directiva de Asomega supone la llegada de uno de los grandes protagonistas de la medicina española contemporánea. Jefe de Sección de Hepatología de La Paz y referente internacional en la lucha contra las hepatitis víricas, este ferrolano "de nación y corazón" trae consigo una visión de la medicina donde el éxito tecnológico solo cobra sentido si va acompañado de la calidez en el trato.

Javier García Samaniego, coordinador de la Alianza para la Eliminación de las Hepatitis Víricas en España (AEHVE), jefe de la sección de Hepatología del Hospital Universitario La Paz de Madrid y socio de Asomega.

Licenciado en Santiago y doctorado en la Autónoma de Madrid con los máximos honores, su carrera es un ejemplo de cómo la perseverancia científica puede cambiar la salud pública. Bajo su liderazgo en la Alianza para la Eliminación de las Hepatitis Víricas en España (AEHVE), nuestro país se ha convertido en un modelo mundial, logrando que una enfermedad que afectaba a cientos de miles sea hoy residual.

Más allá del algoritmo: medicina con identidad

Para García-Samaniego, la medicina actual corre el riesgo de pervertirse si se entiende solo como un "algoritmo de tratar y curar". Su propuesta para Asomega se basa en recuperar la esencia de la clínica:

  • Defensa de la relación médico-paciente: "La medicina debe ser personalizada por definición", sostiene el doctor, alertando contra la pérdida de los vínculos humanos en favor de las pantallas.
  • Liderazgo integrador: su experiencia coordinando sociedades científicas y alianzas multidisciplinares será clave para cohesionar el talento gallego en la diáspora.
  • Excelencia investigadora y docente: con más de 250 publicaciones y una intensa labor como profesor titular de la UAM, busca fomentar una formación integral que una la vanguardia técnica con la ética profesional.

El compromiso con los valores de Asomega

La incorporación de Javier García-Samaniego a la Junta Directiva representa la unión de su éxito científico con la vocación de servicio más pura. Su entrada en Asomega no es un trámite institucional, sino un compromiso activo para defender una "ciencia con rigor y una medicina con alma" que rechaza la frialdad de los algoritmos en favor del vínculo humano.

Desde su nueva responsabilidad, el doctor se propone volcar su experiencia en el fortalecimiento de la comunidad sanitaria gallega, impulsando actividades que no solo busquen la excelencia académica, sino que también pongan en valor la sensibilidad y la empatía propias del profesional de nuestra tierra.

En su visión, el futuro de la asociación pasa por liderar una humanización real de la asistencia, donde el talento de los médicos gallegos —tanto en la comunidad como en la diáspora— sirva de puente para una sanidad más moderna, sostenible y profundamente respetuosa con la dignidad de cada paciente.

Este enfoque se nutre de esa "sagacidad gallega" que el Dr. García-Samaniego reivindica como una herramienta diagnóstica esencial: una mezcla de curiosidad, prudencia y cercanía que define su manera de entender la Medicina.

Proyecto Diosa: IA "made in Vigo" contra las listas de espera en apnea del sueño

Mar Mosteiro, Manuel Casal y María Torres en la presentación del Proyecto Diosa.

Dada su alta prevalencia, la apnea obstructiva del sueño (AOS) se ha convertido, más allá de la preocupación médica, en un desafío logístico masivo. En el Área de Salud de Vigo, con cerca de 10.000 personas en tratamiento con dispositivos CPAP y un flujo constante de 2.000 nuevos pacientes potenciales cada año, las unidades de diagnóstico se enfrentan a un cuello de botella. Para resolverlo, el Proyecto Diosa (Diseño e Inteligencia para la Apnea Obstructiva del Sueño) ha desarrollado un "estratificador" inteligente que promete transformar la gestión asistencial.

Mar Mosteiro, Manuel Casal y María Torres en la presentación del Proyecto Diosa.

Mar Mosteiro, Manuel Casal y María Torres en la presentación del Proyecto Diosa.

Esta iniciativa es fruto de una simbiosis pionera entre la Universidad de Vigo y Neumología del Hospital Álvaro Cunqueiro, cuyos investigadores se integran en el grupo NeumoVigo del IIS Galicia Sur. La faceta clínica del proyecto está liderada por la doctora Mar Mosteiro, jefa de sección de la Unidad de Trastornos Respiratorios del Sueño (TRS), mientras que la ingeniería corre a cargo de los docentes de la UVigo Manuel Casal Guisande y María Torres Durán.

El sistema utiliza un algoritmo basado en ocho variables clínicas objetivas, seleccionadas por ser datos "fácilmente disponibles en la práctica clínica". Entre ellas destacan indicadores antropométricos y demográficos esenciales: edad, sexo, índice de masa corporal y el perímetro del cuello, que se combinan con síntomas clínicos clave como la presencia de ronquidos, apneas observadas por la pareja, antecedentes de hipertensión y el grado de somnolencia diurna.

"Actualmente estamos a punto de iniciar un estudio piloto con una herramienta destinada a priorizar a los pacientes con sospecha de padecer la enfermedad", detalla Casal Guisande. El sistema no pretende sustituir a la polisomnografía —la prueba estándar—, sino asegurar que quienes llegan a ella sean los que presentan mayor urgencia.

Perspectiva de género

Diosa también aborda una asignatura pendiente de la medicina moderna: el infradiagnóstico en mujeres. "A menudo sus síntomas se atribuyen a otros factores, como la menopausia o los trastornos del estado de ánimo", explica el profesor de la UVigo.

Para corregir este sesgo, el proyecto incorpora indicadores de vanguardia como la carga hipóxica, un algoritmo propio que cuantifica el impacto real de la falta de oxígeno durante el sueño, más allá del simple número de paradas respiratorias.

Este éxito es el resultado de una simbiosis única entre ingeniería y medicina. El Hospital Álvaro Cunqueiro ha sido pionero al integrar a ingenieros de la UVigo a tiempo completo en su equipo de Neumología. Como afirma Casal: "Nunca hemos visto la inteligencia artificial como un fin en sí misma, sino como una herramienta que puede ayudar a resolver problemas reales en la práctica clínica".

Con una capacidad de discriminación "bastante buena" según los últimos ensayos, Diosa se perfila como un modelo de eficiencia exportable a otras patologías crónicas, garantizando que el sistema sanitario sea, ante todo, sostenible.

La fragilidad, el factor clave para el éxito de la cirugía en el mayor

José Manuel Vega.

En el marco de la jornada Asomega Maiores celebrada en el Hospital Álvaro Cunqueiro de Vigo, el doctor José Manuel Vega, geriatra de dicho centro, ofreció una radiografía precisa sobre los desafíos que plantea el envejecimiento en el ámbito quirúrgico. Con una Galicia que presenta un índice de 172 mayores de 65 años por cada 100 menores de 20, la medicina actual se enfrenta a una realidad inevitable: la mayoría de las intervenciones complejas se realizan ya en pacientes de edad avanzada.

José Manuel Vega.

El impacto de la fractura de cadera

Vega centró gran parte de su análisis en la fractura de cadera, una patología que calificó como un reto sanitario de primer orden. Con una media de edad de 85 años, esta dolencia conlleva una mortalidad hospitalaria del 10%, que se duplica al cabo de un año. Además del factor humano, el coste económico es ingente, superando los 4.000 millones de euros anuales en España. Según el experto, el sistema actual invierte mucho en la fase aguda del quirófano, pero desatiende la recuperación posterior.

Ante este escenario, el doctor fue rotundo al señalar que es necesario un nuevo enfoque en la atención al paciente anciano desde el primer momento. Para Vega, la clave no reside en la edad cronológica, sino en un concepto clínico fundamental: la fragilidad.

La fragilidad se define como la pérdida de reserva fisiológica que deja al mayor expuesto ante cualquier contratiempo. Vega defendió que, para saber si un paciente va a sufrir complicaciones tras una operación, la mejor herramienta es medir su fragilidad antes de entrar en quirófano. "Si uno quiere saber realmente si un anciano va a morir o va a resultar incapaz en los próximos meses, solo puede medir una cosa: que mire la fragilidad", afirmó.

Como método práctico, propuso el uso de la velocidad de la marcha. Un paciente que camina cuatro metros a menos de 0,8 metros por segundo presenta un riesgo elevado. En estos casos, el protocolo ideal debe incluir una Valoración Geriátrica Integral (VGI) que examine no solo lo clínico, sino también la situación funcional, mental y social del individuo.

Resultados del modelo de cogestión

El doctor compartió el éxito del modelo implantado en el Álvaro Cunqueiro, donde desde 2015 los geriatras trabajan codo con codo con los traumatólogos. Los resultados hablan por sí solos: tras un año de colaboración, la mortalidad hospitalaria bajó del 10% al 3% y la estancia media se redujo en cinco días. Este cambio de gestión no solo mejora la supervivencia, sino que supone un ahorro anual de un millón de euros por hospital.

Como conclusión, Vega instó a que los pacientes con fractura de cadera en toda Galicia sean manejados por unidades de Ortogeriatría donde expertos clínicos y cirujanos compartan la responsabilidad. Su objetivo es claro: concienciar de que "el paciente mayor tiene unas características muy peculiares" y que solo a través de programas de cribado de fragilidad y rehabilitación adecuada se conseguirán los mejores resultados quirúrgicos.

Más información de la jornada de Asomega Maiores en Vigo

Rosa Crujeiras gaña as eleccións e será a primeira reitora da USC

Rosa Crujeiras. Foto: USC, Santi Alvite.

A Universidade de Santiago de Compostela (USC) xa ten resultados definitivos para o seu Reitorado. Rosa Crujeiras Casais, catedrática de Estatística e Investigación Operativa, alzouse coa vitoria na segunda volta dos comicios celebrada este mércores, converténdose na primeira muller que accede ao cargo na institución.

Rosa Crujeiras. Foto: USC, Santi Alvite.

Rosa Crujeiras. Foto: USC, Santi Alvite.

Segundo os datos facilitados pola universidade, Crujeiras obtivo 1.397,44 votos ponderados (65,88%), fronte aos 723,55 (34,11%) da catedrática Maite Flores. A xornada electoral destacou polo forte compromiso da comunidade académica, especialmente no sector de profesorado doutor con vinculación permanente, onde a participación acadou o 87,4%.

Perfil científico e traxectoria Nacida en Ribeira en 1978 e doutora en Matemáticas, a reitora electa conta cunha traxectoria de excelencia na estatística non paramétrica e na análise de datos. Ata o pasado mes de decembro, desempeñou a dirección científica do CITMAga (Centro de Investigación e Tecnoloxía Matemática de Galicia), cargo que abandonou para liderar a súa candidatura ao Reitorado baixo un programa centrado na transparencia e na modernización da xestión.

Para unha entidade como Asomega, o perfil de Crujeiras resulta de especial interese pola súa vinculación coa investigación de vangarda e a transferencia de coñecemento, piares fundamentais nunha universidade que é referente na formación de profesionais e no desenvolvemento das Ciencias da Saúde en Galicia.

Próximos pasos institucionais

Coa vitoria de Crujeiras, a USC inicia o relevo de Antonio López, quen ocupou o cargo durante os últimos oito anos. Tras o período regulamentario de reclamacións, a proclamación definitiva está prevista para o 23 de marzo.

A partir da súa toma de posesión, a nova reitora deberá afrontar retos estratéxicos como a captación de talento investigador, a actualización das infraestruturas académicas e o fortalecemento da proxección internacional da universidade compostelá no Espazo Europeo de Educación Superior.

Entre el reconocimiento y la visibilidad: reflexiones sobre la profesionalidad en la era digital

Artículo del doctor José Antonio Gegúndez sobre el uso del entorno digital entre los profesionales médicos.

El Dr. José Antonio Gegúndez, vocal de la Junta Directiva de Asomega y secretario general de la Sociedad Española de Oftalmoloía, analiza en este artículo el impacto de las redes sociales en la medicina actual.

Frente a la creciente tendencia de la autopromoción digital y el marketing en entornos clínicos, el autor reivindica la "excelencia silenciosa". Para Gegúndez, el verdadero prestigio no nace del impacto en redes, sino de la competencia, la honestidad y el servicio al paciente. Presentamos, de forma íntegra, sus reflexiones sobre la profesionalidad en la era digital:

Artículo del doctor José Antonio Gegúndez sobre el uso del entorno digital entre los profesionales médicos.

Entre el reconocimiento y la visibilidad: reflexiones sobre la profesionalidad en la era digital

En los últimos años, y de manera especialmente visible en redes sociales de perfil
profesional, se ha extendido la costumbre de compartir públicamente la participación en
congresos, simposios y reuniones científicas. Frases como “honrado por la invitación”,
“agradecido por la oportunidad” o “un privilegio formar parte de…” acompañan con
frecuencia fotografías de ponencias, mesas redondas o presentaciones de pósteres. Esta
tendencia, lejos de ser anecdótica, se ha convertido en una práctica habitual en muchos
ámbitos sanitarios.

Asimismo, se observa una creciente tendencia a publicar imágenes en el quirófano de
cirujanos junto a otros profesionales y representantes comerciales de laboratorios,
ataviados con la indumentaria quirúrgica correspondiente y exhibiendo cajas o envases
con determinados tipos de implantes intraoculares. Esta práctica introduce elementos de
promoción comercial en un espacio tradicionalmente reservado para la excelencia clínica
y la privacidad del paciente, y la utilización de la vestimenta quirúrgica y la exposición
de productos en estos contextos puede desvirtuar el sentido ético de la profesión,
fomentando una cultura de la apariencia y el marketing en detrimento del rigor y la
discreción que deberían imperar en la actividad sanitaria.

Las redes sociales han transformado profundamente la forma en que los profesionales
comunican su actividad, ofreciendo ventajas indiscutibles: facilitan la difusión del
conocimiento, permiten el intercambio rápido de ideas, fomentan el networking y acercan
la ciencia a la sociedad. Bien utilizadas, constituyen una herramienta valiosa para
visibilizar proyectos, impulsar colaboraciones y reconocer el trabajo de equipos y
organizadores.

Sin embargo, como ocurre con cualquier herramienta poderosa, su uso exige prudencia y
sentido crítico. Cuando la comunicación profesional se desliza hacia una exposición
reiterada y centrada en la propia persona, puede generar la percepción de que la
notoriedad importa más que el contenido. La frontera entre informar y promocionarse no
siempre es nítida y, en un entorno competitivo, la tentación de reforzar la propia marca
personal puede desplazar a un segundo plano la esencia misma del ejercicio profesional:
el rigor, la competencia y el compromiso con los pacientes y con la comunidad científica.

El reconocimiento auténtico, el que perdura, no nace de la reiteración pública de logros
sino de la coherencia entre lo que se dice y lo que se hace. Surge del trabajo constante,
del estudio profundo, de la experiencia acumulada y del respeto de los compañeros,
y es fruto de trayectorias sólidas, no de impactos digitales efímeros. La reputación
profesional se construye con tiempo, y se fundamenta en la ética, los resultados y el
servicio; no puede sustituirse por una narrativa cuidadosamente diseñada y centrada en la
propia visibilidad, puesto que corre el riesgo de empobrecer la comunicación pública de
la actividad científica y alimentar una cultura de la apariencia.

Quizá el desafío actual no sea elegir entre presencia digital y discreción o sobriedad, sino
encontrar un equilibrio responsable: comunicar sin exhibicionismo, agradecer sin
grandilocuencia, informar sin convertir cada intervención en una campaña de
autopromoción. Hay que recordar que la excelencia silenciosa —esa que no necesita
proclamarse a cada paso— sigue siendo un modelo inspirador para las nuevas
generaciones, y que el verdadero prestigio no depende de cuántas veces se publica una
fotografía tras una ponencia, sino de la calidad del conocimiento que se aporta y del
impacto real que ese conocimiento tiene en la práctica clínica.

En definitiva, la era digital nos invita a repensar qué entendemos por reconocimiento
profesional. Tal vez la clave esté en recuperar una convicción sencilla pero profunda: la
valía no necesita proclamarse constantemente; se manifiesta en la competencia, en la
honestidad y en el servicio. Y esos valores, aunque menos visibles en las redes, siguen
siendo el fundamento irrenunciable de cualquier profesión sanitaria.

José Antonio Gegúndez, MD, PhD
Secretario General de la Sociedad Española de Oftalmología

Luz Couce, premiada por su liderazgo femenino en los Sanitarias 2026

Luz Couce

La doctora María Luz Couce Pico, directora científica del Instituto de Investigación Sanitaria de Santiago (IDIS) y jefa de Neonatología del CHUS, ha sido distinguida con el Premio Sanitarias 2026 en la categoría de Dirección/Gestión. Estos galardones, promovidos por el grupo editor de Redacción Médica, han celebrado su novena edición con el objetivo de visibilizar el talento y el liderazgo de la mujer en el ecosistema sanitario español.

Luz Couce

El jurado ha reconocido la capacidad de la doctora Couce para liderar proyectos de investigación de vanguardia manteniendo la excelencia en la gestión clínica. Se trata de un nuevo hito en una trayectoria ya avalada por Asomega, entidad que le concedió en 2024 su máxima distinción, el XXIII Premio Nóvoa Santos. Además, en su faceta como subdirectora de la Academia Asomega, Couce fue la principal impulsora de la jornada "Trayectoria & Vida" celebrada el pasado año, un foro que profundizó en la faceta más humanista de la medicina a través de la experiencia de figuras de referencia.

La gala de entrega contó con la representación institucional de la Asociación de Médicos Gallegos a través de la doctora Marina Varela. La jefa de Servicio de Anestesiología del CHU de Pontevedra y secretaria de la Sociedad Española de Anestesiología, Reanimación y Terapéutica del Dolor (SEDAR), se ha incorporado recientemente como vocal a la Junta Directiva de Asomega. Con su presencia en el evento reafirmó el compromiso de Asomega con el reconocimiento y la promoción del talento femenino en puestos de responsabilidad.

Sello gallego en el palmarés

La distinción a Luz Couce se suma a una lista de prestigiosas profesionales que, en ediciones anteriores de los Premios Sanitarias, han dejado patente el peso de la sanidad gallega y de los valores de Asomega:

  • Ana Pastor (2020): la exministra gallega de Sanidad recibió el galardón en la categoría de Política.
  • María de la Fuente (2021): investigadora del IDIS, premiada en la categoría de Trayectoria Profesional por su excelencia científica y su activismo por la igualdad.
  • María Jesús Lamas (2021): directora de la AEMPS, galardonada en la categoría de Administración, y merecedora en 2022 de la Insignia de Oro de Asomega.
  • María José Alonso (2021): catedrática de la USC y referente internacional, premiada en la categoría de Farmacia. También fue merecedora en su día del Nóvoa Santos.
  • Beatriz Domínguez-Gil (2022): la directora general de la ONT, gallega de nacimiento, fue galardonada en la categoría de Dirección/Gestión.
  • Pilar Rodríguez Ledo (2024): presidenta de la SEMG, distinguida en la categoría de Medicina.
  • Eloína Núñez Masid (2025): premiada en la pasada edición por su labor en gestión e innovación sociosanitaria. Ha sido miembro de la Academia Asomega y es presidenta de la delegación gallega de SEDISA.

Con este nuevo reconocimiento, la figura de Luz Couce se consolida como un referente de liderazgo que combina rigor científico, capacidad de gestión y el espíritu humanista que promueve la Academia Asomega.

Julio Ancochea, primer ‘Pulmón de Oro’ por su compromiso con los pacientes

El humanismo médico tiene nombre propio en el ámbito de la salud respiratoria. Julio Ancochea, jefe del Servicio de Neumología del Hospital Universitario de La Princesa y presidente de Asomega, será el primer galardonado con el distintivo "Pulmón de Oro". Este reconocimiento, otorgado por la Federación Nacional de Asociaciones de Enfermedades Respiratorias (FENAER), se entregará durante la II Convención Nacional de Pacientes Respiratorios, que se celebrará en Madrid los días 13 y 14 de marzo de 2026.

La elección de Ancochea como primer receptor de este galardón subraya una trayectoria volcada en la humanización de la asistencia. Para los pacientes, el doctor no es solo un clínico de prestigio —recientemente nombrado catedrático de la Universidad Autónoma de Madrid—, sino un aliado que ha impulsado una medicina "basada en los afectos".

FENAER reconoce así su capacidad para integrar la excelencia científica con la escucha activa, situando la voz de los enfermos en el centro de la estrategia sanitaria. Esta entidad no es un actor secundario en el sistema de salud español: se trata de la organización de referencia que aglutina a más de 20 asociaciones de pacientes con patologías como asma, EPOC, fibrosis pulmonar o enfermedades raras respiratorias. En un país donde estas patologías afectan a más de siete millones de personas y constituyen la tercera causa de muerte, el peso de FENAER es decisivo: actúan como interlocutores directos ante el Ministerio de Sanidad y las administraciones autonómicas, liderando la lucha por una Estrategia Nacional de Enfermedades Respiratorias.

Con este galardón, la II Convención Nacional de FENAER se consagra como un foro donde la vanguardia investigadora y el activismo de los pacientes se dan la mano para diseñar una sanidad más justa, eficaz y, sobre todo, más humana.

Último adiós al portavoz del pueblo, Fernando Ónega

Fernando Ónega.

En Madrid se ha despedido hoy una de las figuras más preclaras y determinantes del periodismo español. Fernando Ónega, aquel niño que nació en un lugar donde el mundo decidió llamarse Mosteiro, en la parroquia de Pol, provincia de Lugo. La capital de España, por él tan querida, ha cerrado su última crónica. Con su partida, se apaga una voz que fue equilibrio y puente, pero su legado permanece en la memoria de una España que aprendió a escucharse a través de sus palabras.

Fernando Ónega.

En aquel paraíso de poco más de un kilómetro cuadrado, entre montañas y el frío rigor de la Galicia interior, un infante de los años cincuenta solo tenía una vía para escapar de las labores del campo: refugiarse en los libros. Fantasear con escribirlos, soñar con las estrellas y buscar en los periódicos de la época los referentes para una vida. Como el inolvidable Balbino del escritor gallego Xosé Neira Vilas, Fernando pudo ser un “nadie” de aldea, pero su audacia y una vocación inquebrantable le llevaron desde el seminario de Mondoñedo hasta las más altas cotas de la comunicación nacional.

Lugo y Galicia, España entera, pierden hoy a uno de sus hijos más ilustres, punta de lanza de una generación irrepetible de periodistas y pensadores. Ónega compartió camino y amistad con maestros como el polifacético Álvaro Cunqueiro, Juan Ramón Díaz o Dionisio Gamallo Fierros, y con una nómina inabarcable de profesionales que, desde El Progreso, La Voz de Galicia, la radio y la televisión, dignificaron el oficio.

Su trayectoria fue una lección constante de neutralidad y sabiduría, aprendida bajo el techo de su casa natal con aquella máxima gallega: “Deus é bo e o demo non é malo” (“Dios es bueno y el diablo no es malo”). Esa capacidad para entender todas las aristas de la realidad le convirtió en el arquitecto de la palabra durante la Transición española. Como director de prensa de la Presidencia del Gobierno, fue la mano que trazó los discursos de Adolfo Suárez, regalando a la historia frases que hoy son patrimonio de nuestra democracia, como aquel célebre «Puedo prometer y prometo».

Redactor, columnista, director de la Cadena Ser, editorialista y tertuliano incansable, su generosidad no tuvo límites. Quien escribe estas líneas nunca olvidará que fue él quien me brindó mi primera oportunidad laboral en Madrid cuando yo apenas era un estudiante y él dirigía Hora 25. Su magisterio no se limitaba a la técnica, sino a la humanidad y a esa capacidad de “oscurecer un poco” la evidencia para encontrar la verdadera profundidad de la noticia.

Fernando se va dejando una estela de afecto y profesionalidad que hoy recogen sus hijas, las también periodistas Cristina y Sonsoles Ónega, y su hijo Fernando. Para su esposa Ángela, para sus nietos y para todos los que soñamos con ser algo más que un “chico de aldea”, su figura será siempre el faro al que mirar.

Descanse en paz, admirado maestro y entrañable amigo. Se ha marchado el mejor portavoz que el pueblo pudo desear, un hombre madridgallego que hizo universal a su pequeño Mosteiro y que, siguiendo el lema benedictino de Ora et labora, trabajó hasta el último aliento por la verdad y la convivencia.

Alberto Barciela
Periodista