El pasado domingo el Salón de Actos del Centro Gallego de Madrid se convirtió en un puerto de emociones, recuerdos y reencuentros. La comunidad gallega en la capital se dio cita para compartir una parte de su memoria colectiva, un pequeño pero inmenso pedazo de su propia alma.

La Asociación Galega Corredor do Henares desembarcó en el corazón de la capital para presentar la obra “Un Anaquiño da Nosa Historia”. Bajo este título se esconde un relato universal y profundamente humano: el de la emigración gallega. A través de la figura de Manolillo, el escenario dio voz a todos aquellos hombres y mujeres que, empujados por la necesidad, tuvieron que empaquetar su vida en una maleta de cartón y despedirse de los paisajes, los olores y los afectos que los definían.
La representación, protagonizada por socios y amigos de la asociación, retrató con maestría la dualidad del emigrante. Ese valiente que camina entre la incertidumbre y el miedo, pero siempre impulsado por la esperanza de un futuro mejor. La obra recordó a los asistentes que la vida de los que quedaban en la tierra no se detenía, sino que continuaba oscilando entre la melancolía por la ausencia y el anhelo constante de un retorno feliz.

La obra sirvió también para estrechar los lazos entre las entidades gallegas de Madrid. La propia Agrupación Galega del Corredor do Henares expresó su gratitud por la "calidez y el cariño" con la que fueron acogidos con el Centro Gallego, entidad coorganizadora del evento. Uno de los instantes más solemnes de la mañana fue el discurso de Fernando Rey Paz, presidente de la casa anfitriona, cuyas palabras llegaron directas al corazón de los presentes, reforzando ese sentimiento de familia extendida que es la galleguidad en el exterior.
La cultura y la lírica también tuvieron su espacio con la presencia del reconocido poeta estradense Xosé Luna, quien acompañó una jornada donde el grupo Habelas Hainas de la Casa de Galicia de Alcalá dejó una huella imborrable. El evento contó también con la asistencia de Horacio Rico, presidente de la Federación de Asociacións Galegas en Madrid.
Al finalizar la función de la Asociación Galega Corredor do Henares, la emoción dio paso a la convivencia compartida. Los asistentes pudieron disfrutar de un menú especial, prolongando una jornada de hermandad donde se demostró que, aunque la historia obligara a muchos a partir, el latido de Galicia permanece intacto, fuerte y vibrante en Madrid. Fue, en definitiva, un día para guardar en la memoria y un tributo necesario a nuestra gente.

