El sentimiento galleguista y la Medicina siempre han ido de la mano para la doctora Delia Cerviño. Hija de la emigración pontevedresa, su vínculo con Galicia se afianzó en 2003 al recibir una beca de Asomega. Fue entonces cuando conoció al profesor Aniceto "Tito" Charro, impulsando una estrecha relación personal y profesional que la llevó a fundar ASOMEGA-Bahía en Brasil.
Aunque no podrá acompañarnos este sábado en el Encontro de Verán de Baiona, la doctora Cerviño ha querido rendir tributo desde la distancia al doctor Charro con esta emotiva carta, en la que evoca el imborrable legado del profesor:

Aniceto Charro y Delia Cervino en el II Encontro Mundial de Médicos Galegos de Asomega celebrado en 2023.
"Queridos amigos:
Es para mí un gran honor y una profunda emoción rendir homenaje hoy al profesor Aniceto Luis Charro Salgado, una persona excepcional cuya huella permanece viva en la memoria y en el corazón de quienes tuvimos el privilegio de conocerlo.
Mi encuentro con el profesor Tito Charro, como era cariñosamente llamado, tuvo lugar en el año 2003, cuando comenzaron las becas de ASOMEGA. Aquel año llegamos a Madrid una oftalmóloga cubana, y yo, pediatra neonatóloga brasileña de Salvador de Bahía. Para nosotras, aquella oportunidad representaba mucho más que una experiencia académica. Era también un reencuentro con nuestras raíces y con una historia compartida por miles de familias gallegas que, un día, tuvieron que partir hacia otras tierras.
La iniciativa de ASOMEGA de apoyar a médicos descendientes de gallegos nacidos fuera de España era una demostración de sensibilidad, generosidad y gratitud hacia quienes habían mantenido vivo el amor por Galicia más allá del océano.
Esa era precisamente la historia de mi padre, Lino Cerviño, nacido en Cotobade, Pontevedra. Como tantos jóvenes gallegos de su generación, emigró a Brasil en busca de un futuro mejor durante los difíciles años de la Guerra Civil española. Aunque construyó su vida lejos de su tierra, Galicia, nunca abandonó su corazón.
Por eso, cuando recibió la noticia de que su hija había sido seleccionada para una beca de ASOMEGA, sintió una emoción inmensa. Era como si Galicia volviera a tender la mano a su familia después de tantos años. Aún hoy me conmueve recordar la alegría que aquella noticia le produjo.
Fue en ese contexto tan especial cuando conocí al profesor Tito Charro.
Desde el primer momento me impresionaron su cercanía, su sencillez y su enorme calidad humana. Todos conocíamos su prestigio profesional y académico, pero quienes tuvimos la fortuna de tratarlo de cerca descubrimos algo todavía más valioso: a una persona generosa, acogedora y profundamente comprometida con los demás.
Tito tenía la extraordinaria capacidad de hacer sentir importante a cada persona. Escuchaba con atención, ofrecía ayuda sin reservas y transmitía entusiasmo en todo lo que hacía. Mi estancia en Madrid fue mucho más enriquecedora gracias a su apoyo y su amistad.
Aquella experiencia me permitió comprender que ASOMEGA era mucho más que una asociación médica. Era una gran familia unida por la ciencia, por la cultura y por el sentimiento de pertenencia a Galicia.
Animada por Tito, regresé a Bahía con el deseo de acercar a los médicos gallegos y descendientes de gallegos que vivían en nuestra tierra. Lo que comenzó como una búsqueda para divulgar las becas y el Premio Novoa Santos terminó convirtiéndose en una experiencia extraordinaria.
Llegamos a reunir a más de sesenta médicos gallegos o descendientes de gallegos y fundamos ASOMEGA-Bahía. A pesar de las dificultades administrativas, conseguimos crear un espacio de encuentro, amistad y colaboración. Compartimos experiencias profesionales, recuerdos familiares y, sobre todo, el orgullo de nuestras raíces.
Todo ello fue posible gracias al estímulo permanente del profesor Charro.
Su apoyo fue decisivo para el desarrollo de múltiples iniciativas. Participamos en congresos en Galicia, organizamos dos importantes simposios en Salvador de Bahía y fortalecimos los vínculos entre instituciones médicas de España y Brasil. Siempre encontrábamos en él una palabra de ánimo, una orientación.
Nada de lo que construimos al otro lado del Atlántico habría sido posible sin su entusiasmo, su liderazgo y su confianza.
Tito Charro era un galleguista convencido. Creía profundamente en la importancia de mantener unidos a los profesionales gallegos repartidos por el mundo y dedicó gran parte de su vida a fortalecer esos lazos. Gracias a su visión, muchos de nosotros pudimos reencontrarnos con nuestras raíces y sentirnos parte de una comunidad que trascendía fronteras y generaciones.
Pero si algo distinguía verdaderamente a Tito era su humanidad.
Los grandes maestros no son solamente quienes enseñan conocimientos. Son quienes inspiran, orientan y ayudan a crecer a los demás. Tito pertenecía a esa categoría extraordinaria.
Por eso, cuando pensamos en él, no recordamos únicamente al médico brillante, al profesor respetado o al dirigente ejemplar. Recordamos al amigo leal, al hombre generoso, al compañero siempre dispuesto a ayudar y a compartir.
Hoy quiero expresar, en nombre propio y en nombre de tantos médicos de Bahía que tuvieron la fortuna de conocerlo, nuestra más profunda gratitud.
Gracias, Tito, por tu amistad.
Gracias por haber dedicado tu vida a unir personas, instituciones y corazones.
Me gustaría terminar con las palabras de Bertolt Brecht, que describen perfectamente una vida como la suya:
“Hay hombres que luchan un día y son buenos. Hay otros que luchan un año y son mejores. Hay quienes luchan muchos años y son muy buenos. Pero hay los que luchan toda la vida: esos son los imprescindibles”.
Tito Charro fue, sin duda, uno de esos imprescindibles.
Mientras vivamos quienes tuvimos el privilegio de conocerlo, su ejemplo seguirá acompañándonos y inspirándonos.
Muchas gracias."
DELIA CERVINO