«La idea de que hay un cerebro masculino y uno femenino es un mito, no existe tal cosa»

Interesante webinar de Asomega Muller sobre diferencias biológicas entre sexos que ha abordado, en boca del experto en neurociencias Fernando Giráldez, cuestiones genéticas, sociales, culturales…

15/10/2021

Fernando Giráldez, experto en neurociencias, ha explicado en el webinar organizado por Asomega Muller que las diferencias biológicas entre hombres y mujeres tienen interés médico en cuanto influyen en el tratamiento y gestión de las patologías, pero desde el punto de vista cognitivo no tienen una base científica.

En el centro el ponente, Fernando Giráldez. Arriba a la izquierda María Rodríguez, coordinadora de Asomega Muller, y debajo Esther Barreiro, moderadora del webinar.

En el centro el ponente, Fernando Giráldez. Arriba a la izquierda María Rodríguez, coordinadora de Asomega Muller, y debajo Esther Barreiro, moderadora del webinar.

Sostiene que «sobre las funciones cognitivas, es decir, coeficiente intelectual, memoria, las funciones fundamentales del cerebro, etc., por más que se han dado vueltas no se han encontrado diferencias entre hombres y mujeres. La idea de que hay un cerebro masculino y uno femenino es un mito, no existe tal cosa».

En su exposición, el profesor Giráldez ha empezado admitiendo que se trata de un asunto “complicado y muy ideologizado”. Considera que hay dos estereotipos ideológicos para entender las diferencias: primero el esencialismo biológico, el pensar que todo está en los genes, en la biología. Aquí entraría «el innatismo, es atribuir todo a la naturaleza de las personas; pero en el otro lado hay también un extremo, tan ciego a la realidad como el anterior: el constructivismo social, todo es producto de la sociedad». En su opinión, son dos miradas quizá en algún caso productivas para identificar aspectos pero que no son útiles.

Por otra parte, hay «falsas ideas en las trincheras culturales que se suelen formar», como  pensar que todo lo genético es heredado y es inmutable. Sostiene Giráldez que esto no es así: «Heredamos los genes pero estos se expresan diferencialmente. Que un proceso tenga una base genética no implica que sea hereditario». A este respecto pone el ejemplo del cáncer, enfermedad de base genética y molecular, «pero ¿cuántos hay hereditarios? Dependiendo del cáncer, entre un 10 y un 20%. Una cosa es que el mecanismo sea genético y molecular y otra cosa es que por eso sea heredado». Por tanto, biológico y genético no es idéntico, y genético no quiere decir inmutable.

Diferencias y coincidencias

Asevera el experto que «no hay diferencias estructurales notables que se conozcan entre los cerebros masculino y femenino. Así como las funciones cognitivas fundamentales no varían, la estructura del cerebro también es igual«. Eso sí, se reconocen diferencias en rasgos psicológicos y aquí la dificultad estriba en cómo medirlos.

En cualquier caso, añade, cualquier acción de igualdad tiene que tener una base de sensatez, de racionalidad y no ignorar en ningún caso la evidencia, «tanto la  que nos dan las ciencias sociales como la que nos da la biología».

Preguntado al respecto por Esther Barreiro, encargada de moderar la sesión, Fernando Giráldez ha concluido su intervención reflexionando sobre cómo la interacción entre las personas cambia las conexiones cerebrales y cómo «la biología del cerebro puede condicionar la conducta, pero esta también puede condicionar la biología del cerebro».

Señala tres ejemplos que dejan claro este fenómeno: los taxistas de Londres tenían unas capas del hipocampo más gruesas porque debían memorizar todas las calles de la ciudad, «no porque estuvieran determinados a ser taxistas». Otro ejemplo es el del elevado número de grandes maestros de ajedrez en Rusia. «¿Los genes rusos condicionan que uno sea maestro de ajedrez?», se pregunta. «Es ridículo pensar así. Las propiedades generales del genoma ruso son iguales que las del resto».

Giráldez ha concluido con un tercer ejemplo aún más clarificador sobre la influencia en las posibilidades del cerebro del entorno, de las actitudes personales y, en definitiva, de la red de conexiones neuronales que uno establece: «Paco de Lucía decía “me he pasado desde los 4 años tocando la guitarra 10 horas al día y cuando vuelvo a mi pueblo me dicen que tengo duende”, cuando lo que tenía eran miles de horas de guitarra«.