Cuando un hospital público convoca un concurso para adquirir equipamiento médico, desde un monitor de constantes hasta un sistema de cirugía robótica, el precio suele ser el factor determinante en la adjudicación. Ahora, diversos actores del ámbito sanitario advierten de que este modelo de compra favorece la obsolescencia tecnológica a medio plazo y frena la llegada de la innovación a los centros. Para analizar este escenario y plantear alternativas, iSanidad ha impulsado el informe Communis Medtech 2025, un documento que reúne a la industria del sector, gestores públicos y profesionales de la salud.

El propósito central de este trabajo, que recientemente se ha expuesto ante representantes del Instituto Nacional de Gestión Sanitaria (Ingesa) y autoridades sanitarias, es fomentar la transición hacia una "compra pública basada en valor". En la práctica, esto significa que la administración no debería evaluar únicamente el coste inicial de un equipo, sino su impacto integral.
El estudio propone analizar si esa nueva tecnología reduce el tiempo de hospitalización, minimiza las complicaciones quirúrgicas o agiliza de forma objetiva las listas de espera.
Para anclar este debate a la realidad diaria de los hospitales, la iniciativa ha recabado el análisis de diversos especialistas en activo. En este contexto se inscribe la colaboración de la doctora Marina Varela, miembro de la Junta Directiva de Asomega y secretaria general de la Sociedad Española de Anestesiología, Reanimación y Terapéutica del Dolor (SEDAR).
Su participación suma al texto la indispensable perspectiva de los clínicos, recordando que los criterios médicos, la equidad en el acceso y la seguridad del enfermo deben mantener un peso específico en las mesas de contratación, sirviendo de contrapeso a las valoraciones estrictamente contables. La presencia de especialistas respalda así la idea de que quien utiliza las herramientas en situaciones críticas debe ser escuchado antes de adquirirlas.
Por otro lado, los expertos consultados en el informe apuntan que la sanidad debe dejar de ser reactiva para volverse proactiva. Ante el progresivo envejecimiento de la población y el aumento de las patologías crónicas, el sector de la tecnología sanitaria solicita una planificación con mayor visión de futuro.
El documento Communis concluye que este cambio de paradigma solo es viable si se abren vías de diálogo estables y transparentes entre la administración y los proveedores. Se trata, en definitiva, de alcanzar un consenso que permita entender la dotación tecnológica como un pilar para sostener la calidad asistencial, y no meramente como un apunte de gasto en los presupuestos generales.