El Grupo Coren no es solo un gigante alimentario arraigado en Galicia que supera los 1.350 millones de facturación y llega a más de cincuenta países. La verdadera escala de esta cooperativa no se encuentra en sus grandes cifras, sino en la distancia corta: la que une una compleja estructura técnica con el día a día de sus miles de socios. Y hablar con Emilio Rial es hablar con alguien que conoce la cadena alimentaria desde dentro, empezando por el laboratorio y terminando en la mesa. Químico de formación y veterano de Grupo Coren desde hace más de cuatro décadas, el director general del grupo combina el lenguaje técnico con una mirada muy pegada al terreno y a las personas que sostienen el modelo cooperativo día a día.
En esta conversación aparecen cuestiones clave como la calidad nutricional de los alimentos, la sostenibilidad o el futuro del rural. Él responde desde la óptica directiva, pero también desde una idea muy concreta de empresa: la de una estructura que solo funciona si mantiene la confianza de miles de ganaderos.
El vínculo entre Coren y Asomega nace precisamente ahí, en una visión compartida que entiende la alimentación y la salud como ámbitos inseparables y que concede a la evidencia científica un papel central. Entre referencias a la química, a la economía cooperativa y hasta a Marañón, la conversación deja también una defensa explícita de algo no siempre presente en los discursos empresariales: la importancia de escuchar.

El acercamiento de Coren a una entidad médica como Asomega responde a un interés compartido por la nutrición con base científica. Desde su perspectiva como químico, ¿cómo se traslada el rigor del laboratorio al producto fresco que llega al consumidor?
Yo soy químico de profesión y dediqué veinte años de mi vida a la nutrición animal en nuestra industria de alimentación animal. Para nosotros, la ciencia no es un adorno de marketing, sino la base operativa de todo lo que hacemos. Hoy en día, la alimentación ha dejado de ser una necesidad básica para convertirse en una herramienta de salud preventiva. Como bien decía el doctor Grande Covián, la clave está en el equilibrio y en comer un poco de todo.
Desde el punto de vista nutritivo, el perfil lipídico de lo que producen nuestras granjas se selecciona minuciosamente. En química, sabemos que el grado de saturación es la verdadera medida de la salubridad de las grasas. Las grasas de ave o de porcino son altamente recomendables porque son insaturadas; estructuralmente cuentan con dobles enlaces químicos que las mantienen líquidas a temperatura ambiental. Por el contrario, en vacuno y ovino nos encontramos con el sebo, una grasa saturada que solidifica rápidamente en el plato y cuyo impacto metabólico es totalmente diferente. Todo este equilibrio nutricional no se deja al azar: se determina y se monitoriza estrictamente en el laboratorio mediante la formulación científica de la alimentación animal.
Precisamente, ese trabajo de análisis químico y de formulación no tendría el mismo valor si se hiciera unilateralmente. ¿Cómo comparte Coren esa labor científica con las universidades y los centros externos?
La colaboración con el entorno académico y científico es estrecha, constante y bidireccional: no trabajamos de forma aislada. Mantenemos de forma histórica la Cátedra Coren con la Universidad de Vigo y colaboramos de manera muy activa con los campus de Santiago y Lugo, especialmente con las facultades de Veterinaria e Ingeniería Agrónoma, cuyos mejores expedientes chequeamos y frecuentemente se incorporan a la cooperativa.
Toda esta actividad la canalizamos formalmente a través de nuestra Fundación, mediante la cual firmamos proyectos de investigación y convenios con rectores y equipos universitarios de forma regular. Para dar soporte a esta red externa, contamos internamente con un área de laboratorios avanzados y con una granja experimental propia. Cualquier avance en el manejo, tratamientos o nutrición animal se testa primero en esta granja piloto bajo estricto método científico antes de trasladarse a la producción general. La universidad aporta el conocimiento básico y nosotros la infraestructura para la investigación aplicada.
El huevo ha sido uno de los alimentos más debatidos por la comunidad médica. ¿Cómo ha respondido la investigación de Coren a estos cambios de paradigma?
Durante muchos años el huevo estuvo injustamente demonizado por la medicina tradicional debido al colesterol. Sin embargo, hoy la ciencia nos da la razón y se recomienda su consumo sin las limitaciones de antes, ya que es el alimento más equilibrado desde el punto de vista nutricional, con un nivel de proteína y grasa muy similar al humano.
En Coren apostamos por la investigación activa junto a las universidades. De hecho, hace más de 30 años desarrollamos dos tesis doctorales para producir huevos enriquecidos con ácidos grasos omega-3. Logramos incorporar estos ácidos grasos poliinsaturados en la alimentación de las gallinas a través de aceites de origen marino, que son las más ricas en estos ácidos grasos. La gran industria tiene la obligación de defenderse de los prejuicios sociales y de los mensajes sin base científica mediante la investigación rigurosa. Como decía un amigo mío que participó en aquella tesis: el huevo es un producto tan perfecto que viene hasta con su propio envase. Es insuperable, lo tiene todo.
Existe una corriente social que recela de los productos procesados. ¿Cuál es la política de su grupo respecto al tratamiento de la carne?
Nuestro modelo se basa en un 95% en el producto fresco, entero o despiezado, no elaborado. No trabajamos con ultraprocesados. Lo que se sacrifica esta mañana en nuestros centros, mañana a esta hora está en su punto de destino. Lograr esto exige una precisión quirúrgica si se tiene en cuenta que gestionamos diariamente 250.000 pollos, 3.000 cerdos, 15.000 pavos y 400 reses de vacuno.
En el pequeño porcentaje de productos elaborados que producimos, nos ajustamos de forma milimétrica a la legislación vigente en cuanto a dosis e ingredientes. Jamás trabajaríamos fuera del mercado estrictamente legalizado, para una cooperativa de nuestro volumen eso significaría el principio del fin. Además, hoy en día la industria cuenta con aditivos naturales extraordinarios que sustituyen perfectamente a los compuestos sintéticos para lograr una conservación óptima y saludable.
¿Cómo garantizan que un producto de consumo masivo esté completamente libre de trazas farmacológicas o antibióticos?
El control sanitario en el mundo animal es, me atrevería a decir, bastante más riguroso e impresionante que en el mundo humano. En Coren tenemos laboratorios avanzados de control de calidad y residuos, además de una granja experimental donde testamos científicamente cualquier cambio en el manejo o la alimentación antes de aplicarlo.
Por ley, y por convicción, ninguna carne que sale al mercado puede contener residuos de antibióticos. Si un lote de animales contrae una patología y requiere un tratamiento veterinario, se activa un protocolo estricto de periodo de espera. Los animales permanecen bajo custodia en la granja y no pueden ser trasladados al matadero hasta que su propio organismo haya eliminado por completo cualquier resto del medicamento. Las inspecciones oficiales en las fábricas de piensos y en los centros de procesado son constantes. Eso forma parte de la garantía de salud alimentaria.
Bienestar animal y sostenibilidad medioambiental
El bienestar animal ha pasado de ser una tendencia a una exigencia normativa muy rigurosa. ¿Cómo se gestiona esto a gran escala?
Está totalmente integrado en nuestra estructura. De hecho, todas nuestras granjas —sean de porcino, vacuno, pollos, pavos o ponedoras— cuentan con certificación oficial de bienestar animal. Fuimos pioneros en eliminar por completo las gallinas en jaula. Actualmente, nuestras ponedoras se crían en el suelo, con puertas abiertas al campo, garantizándoles un metro cuadrado por ave. Monitoreamos científicamente los factores de estrés porque un animal estresado no produce con calidad. Controlamos las condiciones de ventilación, iluminación, camas y agua bajo directrices técnicas muy estrictas que nosotros mismos diseñamos con nuestros técnicos.
La sostenibilidad en la gestión de los residuos ganaderos es otro de los grandes retos de la industria agropecuaria. ¿Qué soluciones tecnológicas ha aportado Coren?
La protección del medio ambiente nos preocupa profundamente e invertimos muchísimo dinero en ella. En 2005 construimos una planta pionera para el procesado del purín porcino que supuso una inversión de 22 millones de euros. Mediante un sistema de ingeniería avanzado, separábamos la fracción sólida de la líquida. La parte sólida se convertía en un abono orgánico de alta calidad para viñedos o huertas, y la líquida se utilizaba para el riego controlado de campos. Además, la planta contaba con motores de cogeneración que generaban 15 megavatios de electricidad para la red.
Lamentablemente, los cambios drásticos en la política energética nacional y el recorte de las primas eléctricas obligaron al cierre de las 30 plantas de este tipo que existían en España. Fuimos a los tribunales y, tras siete u ocho años, la justicia nos dio la razón de forma inequívoca, pero mantener una industria de esa complejidad parada durante tanto tiempo es inviable. A pesar de ese revés regulatorio, hoy aplicamos otras técnicas de gestión y el purín sigue sin ser un problema en Galicia. Al contrario, al ser la primera comunidad productora de leche de España, nuestras praderas necesitan una cantidad ingente de abono orgánico para alimentar al ganado, lo que permite un ahorro óptimo de costes mediante la economía circular. El verdadero problema es el ganadero que hace las cosas mal, que es el que luego sale en la prensa y empaña el trabajo del resto. A ese hay que castigarlo, cerrarle la granja y punto.

En 2019 Coren acogió el acto de entrega del XXI Premio Nóvoa Santos de Asomega, que correspondió al cardiólogo del CHUS José Ramón González Juanatey. En la imagen, el galardonado aparece en primera fila en el centro. A su izquierda Julio Ancochea, presidente de Asomega; Emilio Rial, director general de Coren; el profesor Carro, presidente de la Real Academia de Medicina de Galicia; Julia Buján y María Eugenia Blanco Cachafeiro, de Asomega; y a la izquierda de Juanatey Manuel Gómez Franqueira, presidente de Coren, y el presidente del Parlamento de Galicia, Miguel Ángel Santalices.
El modelo cooperativo y la gestión de la confianza
Hablemos de la organización de Coren. Una estructura de más de 4.000 socios requiere de una cohesión interna impecable. ¿Cómo se logra la fidelidad del ganadero a lo largo de las décadas?
Llevo 46 años en esta casa y jamás he presenciado una asamblea donde se levante la mano para discrepar de la dirección. Eso no se consigue con discursos, sino demostrando rentabilidad y seriedad. El ganadero debe ganar dinero, porque las empresas se crean para ser rentables, y en una cooperativa ese beneficio se distribuye directamente entre los socios. Históricamente, los ganaderos integrados en Coren han disfrutado de una situación económica superior a la de su entorno.
Invertimos muchísimo tiempo en la atención directa al cooperativista. Cuando un socio acude a nosotros con un problema relativo a su granja, su negocio o sus finanzas, sabe con absoluta certeza que le vamos a dar una solución. Entre nuestros socios existe un dicho muy ilustrativo: "Se Coren non o resolve, quen mo vai a resolver". Esa confianza mutua genera la unidad.
El mercado alimentario global es extremadamente volátil. ¿De qué manera protegen al ganadero frente a las crisis de precios o las tensiones geopolíticas?
Con una política de blindaje económico. El pienso representa entre el 70% y el 75% del coste total de producción de un pollo, un cerdo o una ternera. Dado que la mayoría de las materias primas como la soja, el maíz o el trigo son de importación y llegan a los puertos gallegos para ser procesadas en nuestras fábricas, las oscilaciones de precio pueden ser importantes.
Para que el ganadero viva tranquilo y no dependa de si la televisión dice que el precio sube o baja, Coren establece un precio fijo del pienso para todo el año. De igual modo, fijamos un precio cerrado para la carne que le compramos y retiramos de sus granjas. Si estalla una guerra en Ucrania o surge una crisis de gripe aviar, el ganadero está cubierto. Al final del año, si los resultados de la cooperativa son positivos —como ocurre casi siempre—, el beneficio se reparte como un retorno. Solo en periodos de crisis extrema, como entre 2008 y 2012, cuando la tonelada de soja se disparó de 250 a más de 600 euros, no se pudo entregar ese extra, y los socios lo entendieron perfectamente porque conocen la transparencia de la gestión.
El rural sufre un grave problema de relevo generacional. ¿Cómo se puede convencer a los jóvenes de que el campo tiene futuro?
El error es plantear el campo desde una perspectiva idílica o romántica: una pareja que se instala en el rural porque le gusta la naturaleza, pero luego se encuentra con que no tiene servicios básicos, ni transporte, ni asistencia médica para sus hijos, ni tampoco la rentabilidad necesaria para su trabajo. El campo tiene que enfocarse como un proyecto de vida empresarial, tecnológico y rentable.
Hoy en día, una granja moderna se gestiona a través de un ordenador o una aplicación móvil, no requiere el esfuerzo físico extenuante de antaño, aunque sí exige una dedicación y atención constantes porque los animales no entienden de fines de semana. Nuestra política consiste en implicar a las familias completas en la estructura de la cooperativa, ofreciendo empleo en la industria a los hijos o nietos de los ganaderos. Una granja tecnificada de porcino de ciclo cerrado genera una facturación muy importante. Para que la juventud regrese al campo, debemos romper con el modelo urbanocéntrico y garantizar un verdadero respaldo político, económico y social que dote de servicios al entorno rural.
Alianza con Asomega: el valor de escuchar
Para concluir, ¿qué nexos de unión encuentra entre la filosofía de trabajo de Coren y la visión humanista de la medicina que defiende una asociación de médicos gallegos como Asomega?
El paralelismo es absoluto porque ambos modelos sitúan el factor humano y la honestidad en el centro de su actividad. El doctor Gregorio Marañón afirmaba que el instrumento más importante que debe tener un médico en su consulta es una silla para sentarse a escuchar pacientemente al enfermo. Si escuchas con atención, ya tienes encauzado el cincuenta por ciento del diagnóstico y del tratamiento.
En Coren aplicamos exactamente esa misma filosofía con nuestros cooperativistas: nos sentamos con ellos y escuchamos sus necesidades diarias para ofrecerles soluciones reales y rigurosas, nunca "música celestial".
Coren estará presente en el Encontro de Verán de Asomega de este año.
Sí. La salud, la calidad de vida y la nutrición forman un triángulo indisoluble. Por esa razón apoyamos a Asomega y estaremos muy presentes a principios de agosto en el homenaje al doctor Aniceto Charro en Baiona. Será un escenario idóneo para debatir con rigor científico sobre la dieta atlántica, la seguridad de los alimentos y los factores reales que promueven la excelente longevidad de nuestra sociedad.