Diferencias entre mujeres y hombres en la gravedad de una enfermedad pulmonar

Esther Barreiro, de la Junta Directiva de Asomega, lidera este estudio sobre bronquiectasia publicado en la revista ‘Biomedicines’

11/11/2021

«En el caso de pacientes con bronquiectasia hay que tener en cuenta su género a la hora de plantear el seguimiento de la enfermedad», afirma la dra. Esther Barreiro, miembro de la Junta Directiva de Asomega, a raíz de un estudio que ha liderado en el Grupo de investigación en Desgaste Muscular y Caquexia en Enfermedades Crónicas Respiratorias y Cáncer de Pulmón del Instituto Hospital del Mar de Investigaciones Médicas (IMIM-Hospital del Mar), y que publica la revista Biomedicines.

Esther Barreiro, cuarta por la derecha, con su equipo

Esther Barreiro, cuarta por la derecha, con su equipo

En él se destaca que el sexo del paciente afectado por bronquiectasia es determinante para establecer su gravedad, lo que obliga a tener en cuenta este factor a la hora de hacer su seguimiento.

El trabajo analiza los datos de 2.121 pacientes, procedentes del Registro Informatizado Español de Pacientes con Bronquiectasia (RIBRON), de los cuales dos de cada tres (1.368) eran mujeres. Se tuvieron en cuenta diversos parámetros clínicos a la hora de clasificar su nivel de gravedad en tres escalas diferentes que incluían la función pulmonar, los esputos, el estado nutricional, la colonización por gérmenes más agresivos o la extensión radiológica de las bronquiectasias.

Teniendo en cuenta estos factores, las mujeres presentaban unos índices de gravedad claramente inferiores a los de los hombres en las tres escalas clínicas utilizadas, aunque también hay que destacar que en el grupo de varones había más fumadores. Además se vieron importantes diferencias en los parámetros nutricionales, con un índice de masa corporal más elevado entre ellos.

Niveles de eosinófilos como marcadores de gravedad

Un segundo estudio, también liderado por Esther Barreiro y publicado recientemente analiza las concentraciones de eosinófilos en sangre, una célula del sistema inmunitario presente en los pulmones como reacción al proceso inflamatorio provocado por la bronquiectasia, de 906 pacientes, también del registro RIBRON.

Se estableció un umbral de corte para dividir la muestra. Contrariamente a lo esperado, los pacientes que presentaban concentraciones más altas, un 70% del total, eran los que tenían un nivel de gravedad de la enfermedad menos severo mientras que, aquellos con menores concentraciones de eosinófilos, tenían una enfermedad respiratoria más grave, puntuaban más alto en las escalas de gravedad, tenían una peor función pulmonar y un peor estatus nutricional, con unos niveles de inflamación sistémica superiores.

Ante estos datos «hay que caracterizar mejor a los pacientes con bronquiectasia en perfiles fenotípicos a medida para ofrecer estrategias personalizadas, sobre todo en aquellos con concentraciones bajas de eosinófilos», afirma Barreiro.

A la vez, «se tiene que tener en cuenta este hecho a la hora de escoger determinados tratamientos que tienen como diana a estas células, para evitar que una disminución pueda provocar un empeoramiento del estado del enfermo». El trabajo lo publica la revista International Journal of Enviromental Research and Public Health.