La I Jornada Internacional de Longevidad, organizada por el Foro La Región con el impulso de Ourensividad y la participación de Asomega, ha reunido en el Centro Cultural Marcos Valcárcel de Ourense a especialistas de distintos ámbitos bajo el lema «Una mirada a la ciencia de vivir más y mejor».

Julio Ancochea interviene en la jornada sobre longevidad del diario La Región de Ourense.
En la apertura, el presidente del Parlamento de Galicia, Miguel Santalices, citó a Valentín Fuster para mencionar el movimiento, las relaciones sociales y la motivación como factores esenciales para envejecer mejor. Además, volvió a reivindicar la incorporación del termalismo a la cartera de servicios del Sistema Nacional de Salud, reto que se comprometió a asumir en su próximo destino político en el Senado.
Por su parte, Cristina Margusino, presidenta de Ourensividade, invitó a aprovechar la excepcional presencia de centenarios en la provincia para investigar qué favorece una vida larga y saludable. Rechazó la búsqueda de fórmulas mágicas y defendió la necesidad de reunir evidencias científicas. También Luis Menor, presidente de la Diputación, incidió en la importancia de acreditar científicamente los beneficios del termalismo.
Aprender a cuidar
Julio Ancochea, presidente de Asomega, comenzó evocando sus raíces en Trives y el ejemplo de su abuelo, médico rural, antes de repasar los más de treinta años de trayectoria de la Asociación de Médicos Gallegos y el legado de su primer presidente, Aniceto Charro, impulsor de la dieta atlántica.
Pero el núcleo de su intervención fue una reflexión sobre las consecuencias médicas y sociales de la longevidad.
Por una parte, defendió que un sistema sanitario que ha conseguido prolongar la esperanza de vida tiene también la obligación de aprender a cuidar esos años adicionales. El éxito asistencial no puede medirse únicamente por la curación de una enfermedad: debe tener en cuenta si el paciente recupera su autonomía y puede seguir disfrutando de una vida satisfactoria.

Por otra, cuestionó la posición que nuestra sociedad reserva a las personas mayores. Una sociedad avanzada, sostuvo, no puede valorar a sus ciudadanos por su edad o productividad, ni aceptar como inevitables la soledad, la discriminación o la pérdida de capacidad de decisión. Conseguir que vivamos más años sin saber qué lugar ofrecer a quienes los han ganado sería una profunda contradicción. La longevidad, vino a decir, pone a prueba tanto nuestra ciencia como nuestra idea de sociedad.
Desde esa doble preocupación explicó el nacimiento de Asomega Maiores, una iniciativa que busca mejorar la atención a las personas mayores y aprovechar la experiencia de los profesionales sanitarios veteranos. Repasó sus proyectos de medicina rural, los encuentros dedicados al envejecimiento y los nuevos premios Presenza, destinados a reconocer la innovación en los cuidados residenciales.
Un fenómeno a abordar desde la ciencia y la política
El programa repasó, además, en dos mesas redondas, las evidencias científicas de la longevidad gallega, la dieta atlántica, la nutrición, los factores psicosociales, la atención integral a las personas mayores y las posibles aportaciones del termalismo a la salud. La jornada incluyó testimonios audiovisuales de personas centenarias.

En el tramo final, Ancochea presentó la conferencia magistral del genetista Antonio Salas Ellacuriaga, «La longevidad en la era de las ciencias ómicas y de la medicina personalizada».
La clausura corrió a cargo de Antón Acevedo, director general de Mayores y Atención Sociosanitaria de la Xunta de Galicia, quien recordó que más del 27% de la población gallega supera los 65 años, proporción que seguirá creciendo durante la próxima década. A este envejecimiento se suma la extraordinaria dispersión territorial, que plantea dificultades específicas para la atención sanitaria y social.
Acevedo defendió la necesidad de reforzar la colaboración entre administraciones, universidades, empresas y entidades científicas para consolidar Galicia como referente en longevidad. Subrayó, además, una responsabilidad fundamental de las políticas públicas: facilitar que las personas mayores puedan seguir viviendo de manera saludable allí donde desean, también en los numerosos núcleos rurales de la comunidad.