El Centro Gallego de Madrid desarrolla una intensa actividad cultural y social durante todo el año. ¿Qué lugar ocupa el Grupo Folclórico dentro de la vida de la entidad? ¿Podemos considerarlo uno de sus grandes puntos de encuentro?
Efectivamente, el Centro Gallego de Madrid promueve un gran número de actividades culturales por sí mismo, pero hay un dato importante: también se presta a desarrollar las que proponemos los socios, dándoles la misma publicidad e importancia que a las suyas propias. Saber que cuentas con ese respaldo es muy importante para nosotros, los socios.
En cuanto al Grupo Folclórico, al ser algo completamente nuevo —hay que tener en cuenta que, a lo largo de su historia, el Centro Gallego de Madrid ha contado con banda de gaitas en distintas ocasiones, pero esta es la primera vez que se crea un Grupo Folclórico como tal—, todavía no sabemos exactamente el lugar que puede tener dentro de la entidad. Pero, si tenemos en cuenta la expectación que ha despertado, el respaldo de la Junta Directiva y la buena acogida que está teniendo por parte de todo el mundo, tanto dentro como fuera del Centro Gallego de Madrid, estoy convencido de que va a tener un lugar importantísimo en su día a día.
Y, efectivamente, será un punto de encuentro tanto para los socios que formen parte del Grupo Folclórico como para los que no, pues seguro que disfrutarán viendo las actividades y actuaciones que desarrollemos, y estoy convencido de que sentirán un gran orgullo al formar parte de él.
La oferta incluye banda de gaitas, coro, canto y pandereta, baile, percusión tradicional y cantos de taberna. ¿Qué criterios habéis seguido para diseñar la oferta?
Pensamos que con estos seis grupos abarcamos una buena parte de la cultura musical tradicional gallega, por no decir toda. Además, contamos con una cosa que nos hace únicos —de momento, pues estoy convencido de que, al ver los resultados, pronto lo incorporarán otras agrupaciones y otros centros gallegos—: los cantos de taberna. Da igual el instrumento que toques: siempre que estamos en una taberna y nos dejan tocar o cantar, acabamos haciéndolo. Eso me llevó a pensar: «¿Y por qué no incluirlo como una actividad más?». Tenía a la persona perfecta para hacerse responsable de las clases, se lo planteé y aceptó, al igual que el resto de profesores.
Para embarcarse en una tarea tan importante como crear el primer Grupo Folclórico del Centro Gallego de Madrid necesitas contar con los mejores. Sabía quiénes eran y se lo planteé. Tuvimos la gran suerte de que todos aceptaron. Sin ellos, nada de esto sería posible. El equipo es formidable.

¿Qué perfil tienen las personas que se están acercando a estos cursos? ¿Hay antiguos integrantes de grupos folclóricos, gente que empieza desde cero, gallegos residentes en Madrid, hijos o nietos de emigrantes…?
Efectivamente, hay antiguos integrantes de grupos folclóricos, pero también hay mucha gente nueva, que nunca había estado en nada así. El pasado 7 de septiembre hicimos una reunión informativa y diría que la inmensa mayoría de los asistentes era gente que quería probar por primera vez algo como esto.
También, como dato curioso, deciros que hay un porcentaje bastante alto de integrantes que no son —no somos— gallegos ni tenemos ascendencia gallega, pero estamos enamorados de Galicia, de su cultura, de sus gentes y, sobre todo, de su música. Yo mismo soy madrileño de nacimiento, pero gallego de corazón. Los gallegos, como los vascos, nacemos donde nos da la gana. Aunque bien es cierto que la inmensa mayoría son gallegos residentes en Madrid o descendientes de emigrantes.
Uno de los grandes retos de la cultura tradicional es garantizar el relevo generacional. ¿Cómo está respondiendo la gente joven? ¿Resulta difícil atraerla y conseguir que haga suyo este patrimonio?
Para nada. Es asombroso el número de jóvenes que forman parte del Grupo Folclórico, tanto gallegos como no gallegos, aunque bien es cierto que la mayoría somos de mediana edad. Tenemos asegurado el relevo generacional durante muchos años.
Lo que más me preocupa son los niños y adolescentes. De ese rango de edad no hay casi nadie. Supongo que será normal: yo, con doce o trece años, no habría escuchado jamás una jota, pero es una cosa que me preocupa y hay que hacer algo para atraer a ese sector de la población.
¿Qué metas artísticas, actuaciones o proyectos os habéis marcado a corto y medio plazo?Como bien sabéis, estamos arrancando y pensamos más en organizarnos que en actuar, pero, aun así, ya tenemos varias actuaciones tanto dentro como fuera de Madrid. Lo primero que tenemos que hacer es cubrir los actos y festejos que organiza el Centro Gallego de Madrid, pues antes tenían que recurrir a otras agrupaciones, y luego, el resto de conciertos que nos salgan.
Como meta nos hemos marcado un concepto diferente de espectáculo. Queremos que los conciertos tengan un hilo conductor que dé sentido a los distintos temas; que estén basados en algún hecho histórico o personaje relacionado con Galicia.
Ahora mismo, os adelanto en primicia que estoy trabajando en ello: siempre he sentido atracción por los años que Emilia Pardo Bazán (socia de honor de nuestro Centro) pasó en Madrid y por su relación con Benito Pérez Galdós, y me encantaría plasmarlos en un espectáculo, entre otras cosas por la estrecha relación Galicia-Madrid que siempre ha habido. Pero son cosas que llevan tiempo y ahora hay que arrancar. El año que viene espero poder mostrároslo.
Ahora está abierto el periodo de inscripción, pero ¿se trata de grupos que permanecerán abiertos durante el curso? ¿Podrá incorporarse alguien más adelante aunque no haya participado desde el comienzo?
En la mayoría de los grupos se pueden incorporar en cualquier momento. El problema es que se encontrarán con un repertorio que sus compañeros llevan tiempo trabajando. Tendrán que hacer un pequeño esfuerzo extra, pero para eso estamos aquí, para ayudar.
Y para quien esté leyendo esta entrevista y lleve años diciendo «algún día aprenderé a tocar la gaita, a bailar o a tocar la pandereta», ¿qué le dirías para convencerlo de que este es el momento?
Pues le diría que nunca es tarde, nunca. Yo empecé a tocar la gaita en 2020. Es verdad que antes tocaba otros instrumentos y eso me ayudó, pero empecé de cero. Tengo que decir que tuve la suerte de dar con el mejor profesor del mundo, Daniel Bellón, y eso me ayudó a estar donde estoy y a hacer lo que hago, a pesar de llevar tan poco tiempo tocando un instrumento que tanto asusta.
Les diría que prueben, que se den un plazo y que no se van a arrepentir; que van a conocer gente maravillosa y que, en muchas ocasiones, esto les va a cambiar la vida para bien.
Y les diría que uno de los mejores sitios para empezar, continuar aprendiendo o perfeccionar su técnica es el nuevo Grupo Folclórico del Centro Gallego de Madrid.
