La infectóloga pediátrica Irene Rivero, premio joven investigadora del Nóvoa Santos

Designada por Martinón como merecedora del XXV Nóvoa Santos a joven investigadora, defiende la urgencia de retener el talento en Galicia.

21/06/2026

Gallega de adopción y de corazón, la doctora Irene Rivero Calle lleva la vocación en los genes gracias al ejemplo de su abuelo, un practicante enamorado de la ciencia. En Santiago encontró en 2014 el lugar idóneo para formar su propia familia y desplegar un talento médico arrollador.

Elegida por su mentor, Federico Martinón, para completar el XXV Premio Nóvoa Santos, representa el relevo dorado de la investigación biomédica. Su trabajo en el grupo GENVIP demuestra que la ciencia molecular y las vacunas salvan vidas en los lactantes, pero solo si se aplican con la escucha, la empatía y el cariño que exige la pediatría.

Para ella, el hospital y el laboratorio son vasos comunicantes que no pueden entenderse por separado. En esta conversación, tan sincera como humana, nos habla del éxito histórico de la inmunización en Galicia y lanza un aviso necesario: retener el talento joven exige reconocer y premiar, de una vez, al médico que investiga.

Irene Rivero, XXV Premio Nóvoa Santos a la joven investigadora.

Irene Rivero, XXV Premio Nóvoa Santos a la joven investigadora.

El doctor Federico Martinón Torres, galardonado con el XXV Premio Nóvoa Santos, te ha elegido como joven investigadora de esta edición. ¿Qué significa para ti recibir este reconocimiento en un momento todavía temprano de tu trayectoria profesional?
Este reconocimiento supone un honor, una gratitud a todas las personas que lo han hecho posible, que me han hecho crecer como persona y como profesional; y un impulso a seguir mejorando en todos los ámbitos.

Tu tesis doctoral sobre enfermedad meningocócica estuvo dirigida por Federico Martinón y José María Martinón Sánchez. ¿Cómo han influido esa mentoría y ese entorno científico en tu manera de entender la medicina, la investigación y el trato con el paciente?
Mis codirectores de tesis han sido y son un verdadero ejemplo de lo que significa para mi ser médico, pediatra, docente, investigador y persona en general. Son brillantes en todos los sentidos, me han enseñado a dar lo mejor de mi misma en cada una de mis facetas, personal y profesional; me han enseñado grandes virtudes sobre cómo debe ser una persona y un pediatra. A no rendirme nunca, a perseguir mis sueños, a no dejar nunca de estudiar, de formarme, de cuidar a quienes me rodean, de seguir creciendo, innovar y devolver todo lo aprendido a mis pacientes.

¿De qué parte de Galicia procedes? ¿Cómo nació tu vocación por la medicina y qué peso tuvieron Galicia, su entorno familiar o tus referentes personales en esa decisión?
En realidad no soy gallega, aunque “a vaquiña non é de donde nace senón de donde pace”. Nací y me formé en Madrid, donde estudié la carrera de medicina, así como la especialidad de pediatría. Mi vocación siempre han sido las enfermedades infecciosas pero, movida por una imperiosa curiosidad por introducirme en el mundo de la investigación, decidí probar suerte en el 2014 con la combinación laboral entre el grupo de investigación GENVIP y la sección de infectología, inmunología y vacunas del Servicio de Pediatría del Hospital Clínico Universitario
de Santiago.

Desde entonces, mi vida personal y mi carrera profesional, supuso un antes y un después. Me doctoré en Medicina por la Universidad de Santiago de Compostela (USC), conocí aquí a mi marido, pontevedrés, y es precisamente en Galicia donde nació mi hija. Pero si tuviera que decir quiénes hicieron crecer mi vocación por la medicina fueron mi abuela paterna y mi abuelo materno, practicante y enamorado de la ciencia.

Formas parte activa de GENVIP (Grupo de Genética, Vacunas, Infecciones y Pediatría). Para el lector no especializado, ¿cuáles son hoy las principales líneas de investigación y preocupaciones científicas del grupo?
El grupo GENVIP trabaja para entender mejor y tratar las enfermedades infantiles, especialmente las infecciosas, combinando la práctica clínica con tecnologías avanzadas de análisis genético y molecular. Su labor incluye el desarrollo de herramientas diagnósticas más rápidas y precisas, capaces de identificar si una infección es viral o bacteriana, así como la participación en ensayos clínicos para nuevas vacunas pediátricas y ensayos pragmáticos poblacionales a gran escala para evaluar su efectividad e impacto. Además, utiliza técnicas punteras como la secuenciación masiva y el análisis de datos “ómicos” para descubrir nuevas formas de tratar enfermedades, investigamos patologías raras infantiles y estudiamos el papel del sistema inmunitario en problemas como el asma o ciertas alergias alimentarias.

Tu trabajo investigador ha estado muy ligado a patologías pediátricas como el Virus Respiratorio Sincitial (VRS) o la enfermedad meningocócica. ¿En qué punto crees que nos encontramos actualmente en la prevención de estas infecciones y cuál puede ser el próximo gran avance científico en este ámbito?
El mundo de las enfermedades infecciosas y muy especialmente aquellas inmunoprevenibles, ha vivido una auténtica revolución en los últimos años. Actualmente disponemos de dos tipos de vacunas frente a la enfermedad meningocócica (una enfermedad devastadora con tasas de mortalidad de entorno al 10% y de morbilidad de hasta el 40%) y de anticuerpos monoclonales en lactantes y vacunas frente al VRS en adultos, consiguiéndose gracias a esta medida, reducciones en el número de ingresos en lactantes <6 meses de hasta un 90% desde su implementación en Galicia. Estos son solo algunos ejemplos, y es que actualmente hay más de 90 candidatos vacunales en desarrollo para múltiples enfermedades, y muchos más que vendrán.

A lo largo de tu trayectoria has colaborado con instituciones internacionales como Imperial College de Londres. ¿Qué aportan esas experiencias y por qué la investigación biomédica actual necesita cada vez más una perspectiva global y colaborativa? ¿Es imprescindible esa visión desde fuera para la formación de los nuevos investigadores?
El trabajo colaborativo, en red y con instituciones y profesionales de prestigio internacional, es una oportunidad de aprender y una experiencia enormemente enriquecedora. La investigación biomédica no se entiende de otra forma que fomentando el trabajo en equipo, con una perspectiva global que permita entender los retos presentes a nivel mundial, los avances en curso de grupos punteros y trasladar a nuestro entorno todos estos conocimientos. Esta visión la considero fundamental y muy necesaria como parte de la carrera investigadora.

En tu día a día conviven la pediatra clínica y la investigadora. ¿Cómo logras equilibrar la exigencia asistencial del hospital con el tiempo y la concentración que requiere la investigación?
Seamos sinceros, no siempre es fácil, pero no entiendo la clínica sin cuestionarse retos o mejoras, ni la investigación sin la búsqueda de la traslacionalidad, devolviéndole al paciente los conocimientos adquiridos. Son dos mundos que requieren mucho tiempo y dedicación, pero que no se pueden entender como estancos. Creo que precisamente en esa combinación es donde encuentro el equilibrio y mi propia satisfacción personal y profesional. Intento buscar soluciones a los retos clínicos y trasladar los conocimientos de investigación a mi práctica clínica asistencial.

La pediatría exige un componente humano especialmente delicado. ¿Qué valores consideras imprescindibles para ejercer una medicina cercana y humanizada con los niños y sus familias?
La medicina requiere la escucha, la empatía, tiempo, dedicación, estudio, cariño, sonrisas, acompañamiento… son tantos los valores que me vienen a la cabeza. Debemos buscar lo mejor para nuestros pacientes aplicando lo aprendido a nivel teórico, pero también debemos entender su entorno, su realidad, las dudas o temores de las familias, sus preocupaciones… para aplicar de la forma más adecuada todos nuestros conocimientos.

Galicia cuenta hoy con un ecosistema biomédico cada vez más sólido, con referentes como el Instituto de Investigación Sanitaria de Santiago de Compostela, el Inibic y el IIS Galicia Sur, además de los propios hospitales. Desde la perspectiva de una investigadora joven, ¿qué fortalezas tiene actualmente la investigación gallega y qué crees que sigue faltando para retener talento?
La investigación gallega avanza a pasos de gigante, sin prisa, pero sin pausa, formando a sus investigadores de la forma más rigurosa. Sin embargo, como en muchos otros ámbitos, retener el talento no siempre es fácil. Se necesita facilitar recursos humanos, técnicos y financieros para la actualización y desarrollo de todas las actividades de investigación que se llevan a cabo en nuestro entorno. Entender y favorecer la posición de un pediatra clínico e investigador, premiando la labor investigadora como se merece a nivel curricular, creo que es aún una tarea pendiente. No siempre valorada ni comprendida.  

Para terminar: cuando piensas en el futuro, ¿qué metas científicas o personales te gustaría alcanzar y qué te haría sentir que tu trabajo ha dejado una huella real?
Mi meta es poder seguir ejerciendo como pediatra clínico e investigador, con el reconocimiento institucional de esta figura, continuar colaborando con grupos nacionales e internacionales, trabajando en red, formándome y formando profesionales sanitarios, sintiendo que mis pacientes confían en mí y que consigo atenderles de la mejor manera posible, que mis compañeros valoran el tiempo y dedicación a la investigación. Y, por qué no, logrando grandes avances científicos o técnicos que repercutan directamente en la población, mejorando su supervivencia y/o calidad de vida.