Un hombre de 45 años completó en 2019 el tratamiento de la tuberculosis. Años después necesita ventilación domiciliaria entre ocho y diez horas diarias: la infección quedó atrás, pero no sus graves secuelas pulmonares. Para seguir adelante necesita también suministro eléctrico, una vivienda y acceso a las consultas. El caso, expuesto por Marisol Domínguez Álvarez, neumóloga del Hospital del Mar de Barcelona, puso rostro a una cuestión incómoda: curar la tuberculosis no siempre significa recuperar la salud.

En una ponencia compartida con Francesca Sánchez Martínez, especialista en enfermedades infecciosas del mismo hospital, Domínguez citó estudios realizados en países de ingresos medios y bajos según los cuales casi la mitad de los pacientes presenta alteraciones de la función pulmonar tras el tratamiento. Sus resultados no pueden extrapolarse sin más a España.
Fue una de las aportaciones de la V Jornada Conjunta de Centros Penitenciarios, Sociosanitarios y Organizaciones Humanitarias, organizada el 16 de octubre de 2026 por la Red TBS-Stop Epidemias, de la que forma parte Asomega. La cita, telemática y gratuita previa inscripción, tuvo sede virtual en el Consejo General de Colegios Oficiales de Médicos (CGCOM-OMC) y dio continuidad a una iniciativa nacida en 2022. Tomás Cobo, presidente del CGCOM, dio la bienvenida, y el presidente de Asomega, Julio Ancochea, presidente del Comité Científico de la Red, moderó el encuentro.
Joan Artur Caylà advirtió de que España sigue lejos de los objetivos internacionales de reducción de la tuberculosis y reclamó mayor prioridad política, detección precoz y mejores estudios de contactos. Xavier Martínez Lacasa destacó que determinadas pautas permiten acortar de seis a cuatro meses el tratamiento de algunos casos de tuberculosis sensible, aunque persisten obstáculos para acceder a los medicamentos necesarios.
También hubo avances en el ámbito penitenciario. Según las cifras de 2025 presentadas por Virginia Martínez Velázquez, de Sanidad Penitenciaria, el 97,7 % de los internos con VIH recibía tratamiento antirretroviral. La tuberculosis, sin embargo, mantiene allí una incidencia superior a la de la población general. La enfermería resulta decisiva para el cribado y el seguimiento.
La jornada abordó asimismo el estigma que, como explicó Juan Jesús Hernández, de Cruz Roja, puede retrasar el diagnóstico y dificultar la adherencia. Se examinaron además la salud mental, las ayudas para alimentación y transporte, los prospectos adaptados a lectura fácil y el voluntariado organizado.
De las distintas intervenciones emerge una idea que las enlaza: combatir la tuberculosis requiere tratamientos eficaces, pero también continuidad asistencial, coordinación institucional y recursos sociales concretos. Porque el alta médica no siempre cierra la historia.