“Recuerdo especialmente las clases con los doctores Navarrina y Juanatey”

Emanuel Barberá es jefe de Servicio del Instituto Oftalmológico Quirónsalud de A Coruña. En esta entrevista recuerda su paso por la Universidad de Santiago y reflexiona sobre su especialidad y sobre los cambios que se avecinan por la crisis del coronavirus.

02/04/2020

Emanuel Barberá se licenció en Medicina por la Universidad de Santiago de Compostela en 2004 e hizo la especialidad en el Servicio de Oftalmología del Complexo Hospitalario Universitario de Santiago.

Máster en “Patología y Cirugía de la mácula, Vítreo y Retina”, organizado por el Institut Universitari Barraquer, actualmente coordina el Centro Médico Quirónsalud A Coruña, pionero en Galicia para la atención integral de la visión. Además, ha realizado el máster de gestión y liderazgo EMBA de Esade Business & Law School.

En su experiencia profesional ha centrado sus funciones en las áreas de Retina Médica y Glaucoma y tiene gran experiencia quirúrgica en cirugía de cataratas, párpado, glaucoma y superficie ocular.

Es jefe de Servicio del Instituto Oftalmológico Quirónsalud de A Coruña. Además, Emanuel Barberá es una de las más recientes incorporaciones a Asomega Nova. Conversamos con él sobre su carrera y sobre cómo está viviendo la actual crisis causada por el coronavirus.

¿Lugar de nacimiento?
Buenos Aires, Argentina.

¿Dónde estudió Medicina?
En la Universidad de Santiago de Compostela.

¿Por qué tomó esta decisión?
Por pura vocación. En mi casa mi padre era médico dentista y yo siempre tuve muy claro que quería dedicarme a la rama sanitaria.

¿Qué recuerdo guarda de su universidad?
Fueron años muy duros, de mucho esfuerzo y trabajo, pero al mismo tiempo tremendamente enriquecedores y una experiencia vital única.

¿De qué profesores mantiene una memoria más vívida?
Recuerdo con cariño desde esos primeros contactos con la Medicina, estudiando Anatomía con el doctor Navarrina y observando mis primeros cadáveres, hasta ya entrado en materia, descifrando los secretos del electrocardiograma con el doctor Juanatey.

¿Qué le hizo decidirse por su especialidad?
Una profunda vocación de tratar pacientes y ayudar al prójimo.

¿Se ha arrepentido alguna vez de aquella elección?
Jamás.

En estos tiempos de superespecialización, ¿cuál su área profesional principal?
Ante todo me considero con orgullo un oftalmólogo general. Intento abarcar una oftalmología general lo más amplia posible. Si bien me he dedicado más profundamente a la cirugía del cristalino, que es lo que más me apasiona, el glaucoma y la retina médica.

Emanuel Barberá en su consulta.

¿Clínica o investigación? ¿Se puede ejercer la una sin la otra?
Creo que lo mejor es una combinación de ambas, aunque muchas veces es difícil compaginarlas por cuestiones de tiempo.

¿Cómo ha avanzado su especialidad desde que comenzó a ejercer hasta hoy, qué es lo que más le llama la atención al respecto?
Los avances tecnológicos han permitido una mejora en el diagnóstico de ciertas patologías y también en el tratamiento quirúrgico. Hoy podemos no solo devolver la vista a nuestros pacientes, sino también mejorar mucho su calidad de vida con intervenciones más rápidas, más seguras y aspirando a alcanzar objetivos cada vez mayores como conseguir la independencia de gafas.

¿Son los médicos gallegos un referente en su especialidad?
Sin lugar a duda. Hay un gran potencial en la medicina gallega, que, como parte de nuestra historia y cultura de emigrantes, la hemos exportado al resto del mundo.

¿Qué le ha animado a incorporarse a Asomega Nova?
Me ha gustado el proyecto de crear una red de médicos en todo el mundo que comparten sentimientos y pasión por la medicina y por Galicia.

Aproveche la situación: ¿qué espera usted de Asomega, qué le pediría a una asociación de estas características?
Que pueda crecer y convertirse en una gran organización de personas con afinidades similares, que potencie el talento de los médicos gallegos.

Asomega Nova parecería que navega contra la corriente: busca la participación y la implicación colectiva de la gente más joven, teóricamente más reacia a involucrarse en este tipo de proyectos. ¿Qué le supone a un joven sanitario sumarse a esta iniciativa?
Supone la ilusión de pertenecer a un proyecto apasionante.

Asomega se define como “un sentimiento compartido” y aboga por conjugar sentimiento, rigor y pasión, afectos y conceptos. ¿Comparte esta visión?
Sin lugar a duda. La pasión es un sentimiento que nos da el impulso para crecer y mejorar día a día.

¿Cómo está viviendo la situación actual? Si está en activo, ¿cómo está colaborando contra la pandemia, teniendo en cuenta que su especialidad no está relacionada directamente con ella?
Trabajo en un hospital privado del grupo Quironsalud y, por lo tanto, actualmente estamos intervenidos por el Ministerio de Sanidad. Nuestra actividad se ha visto reducida notablemente al suprimir la actividad programada tanto de consulta como de cirugía con el fin de reservar los recursos para los pacientes infectados por el COVID-19, por lo que en el Instituto Oftalmológico Quirónsalud de A Coruña solo atendemos urgencias. De hecho esta semana solo hemos atendido a un paciente con glaucoma y hemos operado un desprendimiento de retina.

Sin embargo, aunque nuestra especialidad no está relacionada directamente con los pacientes afectados de COVID-19, no debemos olvidar que ante todo somos médicos, y creo que es nuestra misión pasar a la primera línea de batalla si la situación lo requiere para servir a los pacientes y a nuestra sociedad.

¿Qué lecciones cree que nos dejará esta crisis, desde el punto de vista médico y social?
Creo que habrá un antes y un después en nuestra sociedad tras el paso de esta pandemia, sobre todo en lo referente a nuestra escala de valores. Si te fijas, de los problemas que ocupaban toda nuestra actualidad informativa apenas ya ni se habla. Y nuevos personajes de los que nadie hablaba antes pasan a tener un mayor protagonismo. Hoy salimos a aplaudir por la ventana a nuestros sanitarios, y prestamos mucha atención a las noticias que nos hablan de los avances en la investigación sobre posibles tratamientos y vacunas. Creo que nuestra sociedad había olvidado qué era lo verdaderamente importante y en qué debemos centrar nuestros recursos.

Me gustaría señalar la gran labor vocacional de nuestro sanitarios, tanto de la sanidad pública como privada, que se están dejando literalmente la piel para salvar vidas con unas condiciones y medios que sacarían los colores a la mayoría de nuestros dirigentes. Quisieron hacernos creer que había dos tipos de sanidad, una pública y otra privada, pero en los momentos adversos se ve que los profesionales cooperamos y colaboramos en una única dirección sin importarnos los ideales políticos. 

Creo que esta situación servirá para replanteárnoslo todo y  que cuando pase deberían tomarse medidas para que los errores que se están cometiendo no vuelvan a producirse nunca más.