Una nueva era terapéutica: del control de síntomas a cambiar pronósticos

Cinco expertos dibujan en Visionarios 2025 un futuro donde la neumología pasa de contener daños a modificar la historia de la enfermedad.

01/02/2026

Al final de la jornada de Visionarios 2025, la mesa titulada "Una nueva era en el tratamiento" dejó una sensación nítida: la Neumología ha cruzado el umbral entre limitar el daño y aspirar a reescribir el curso de las enfermedades crónicas. Cinco ponencias breves, sostenidas en datos y en experiencia clínica, mostraron cómo los nuevos fármacos y las nuevas estrategias están desplazando el foco desde la mera supervivencia hacia la calidad de vida y la modificación del pronóstico.

Los participantes en esta mesa de Visionarios 2025.

En apnea del sueño y obesidad, Olga Mediano, jefa de sección de sueño y ventilación mecánica del Hospital Universitario de Guadalajara, describió un cambio de guion que ya se está notando en las unidades de sueño. Los análogos de GLP 1 y combinaciones como tirzepatida permiten pérdidas de peso del 18 20%, que se traducen en descensos muy significativos del índice de apnea hipopnea, sacando a muchos pacientes del rango de apnea grave e incluso permitiendo prescindir de la CPAP en una proporción relevante. Mediano recalcó que su unidad ya ha modificado la forma de manejar a los pacientes con obesidad y AOS, aunque advirtió de dos sombras: el elevado coste —unos 300 euros mensuales— y la incógnita sobre qué ocurre si el paciente recupera peso al suspender la medicación.

También Rosa Girón, coordinadora de la Unidad de Fibrosis Quística-Bronquiectasias del Hospital Universitario de La Princesa de Madrid, situó su intervención sobre antibióticos en una frontera entre euforia tecnológica y responsabilidad. Recordó que la “era antibiótica” apenas suma 80 85 años, tiempo suficiente para que los microorganismos hayan desplegado un arsenal de resistencias basado en mutaciones, bombas de expulsión y biopelículas que blindan frente al tratamiento. Frente a este desafío, repasó la llegada de nuevas cefalosporinas de quinta generación y combinaciones con potentes inhibidores de beta lactamasas —como ceftarolina o asociaciones tipo ceftolozano/tazobactam y cefiderocol—, útiles frente a estafilococo resistente y bacilos gramnegativos multirresistentes, pero insistió en que solo serán realmente valiosos si se integran en programas PROA y en un uso racional guiado por la epidemiología local y las guías.

La mirada sobre el asma, a cargo de Luis Pérez de Llano, jefe del Servicio de Neumología del Hospital Lucus Augusti de Lugo, fue deliberadamente desmitificadora. El ponente recordó que, hoy por hoy, no puede hablarse de curación del asma, sino de remisión clínica, entendida como ausencia de exacerbaciones, sin corticoides y con función pulmonar normal durante al menos 12 meses. En el asma grave, esa remisión apenas alcanza al 17 20% de los casos en registros internacionales, un "techo del 30%" que obliga a revisar dianas terapéuticas, estrategias de inicio y momento de intensificación para evitar llegar tarde a la ventana de oportunidad.

Desde la fibrosis pulmonar, Claudia Valenzuela, coordinadora asistencial de la Unidad Multidisciplinar de EPID del Servicio de Neumología de La Princesa, ofreció quizá el ejemplo más claro de cómo una enfermedad históricamente devastadora empieza a mostrar una trayectoria distinta. Tras una década larga de ensayos negativos en fibrosis pulmonar idiopática, la irrupción, en 2014, de los antifibróticos nintedanib y pirfenidona cambió el paradigma: no curan, pero contienen la caída de función pulmonar y abren la puerta a extrapolar beneficios a otras EPID con fenotipo de fibrosis pulmonar progresiva. Valenzuela repasó la nueva generación de moléculas —como el antagonista de LPA Admilparant en fase 3, el Treprostinil inhalado y el inhibidor de la fosfodiesterasa 4B BI 1015550—, con resultados positivos en reducción de pérdida funcional y, en el caso de la fibrosis progresiva, señales de impacto en mortalidad de hasta un 50% de reducción del riesgo.

La hipertensión pulmonar, presentada por Adolfo Baloira, jefe de Servicio de Neumología del Complexo Hospitalario Universitario de Pontevedra, ejemplificó la velocidad con que el conocimiento puede transformar el pronóstico de una enfermedad rara. Desde los 2,8 años de supervivencia media descritos en los años 90, el progreso en diagnóstico, clasificación y terapias dirigidas a las vías de prostaciclina, óxido nítrico y endotelina ha multiplicado por cuatro la supervivencia. A ello se suma ahora una nueva familia de fármacos como sotatercept, aprobado recientemente y con mejoras hemodinámicas y de capacidad funcional ya a los seis meses.

Baloira avanzó además un futuro muy próximo con inhibidores inhalados de factores de crecimiento, moduladores de microARN y algoritmos de inteligencia artificial capaces de detectar la enfermedad en un electrocardiograma hasta cuatro años antes del diagnóstico invasivo.

Más allá de las particularidades de cada campo, la mesa dejó un mensaje transversal: la auténtica "nueva era" no es solo tecnológica, sino conceptual. Implica combinar fármacos cada vez más sofisticados con prudencia en su uso, diseño inteligente de ensayos, integración de la IA y, sobre todo, una mirada centrada en el paciente que mida el éxito no únicamente en años ganados, sino en vidas respiradas con mayor plenitud.