Galicia envejece, pero Antón Acevedo, director xeral de Maiores y Atención Sociosanitaria de la Xunta, tiene un mensaje claro: hay que pasar de reaccionar a la dependencia a prevenirla, apostando por la autonomía, la funcionalidad y los lazos sociales de los mayores. En su intervención en la jornada de Asomega Maiores celebrada recientemente en el Hospital Álvaro Cunqueiro de Vigo, Acevedo dibujó un futuro proactivo para una región única por su pirámide poblacional invertida y su dispersión rural.

Antón Acevedo, director xeral de Maiores y Atención Sociosanitaria de la Consellería de Política Social de la Xunta de Galicia.
En su opinión, la Ley de Dependencia de 2006 ha sido “una buena ley”, pero crónicamente infradotada y reactiva, esperando a que la enfermedad o la pérdida de autonomía llame a la puerta. Antón Acevedo insiste en que el sistema ha sido eficiente, pero ahora, con mayores más conscientes de sus derechos y una innovación tecnológica imparable, urge un cambio radical. Su visión: intervenir antes con un modelo de seis pilares —personalizado, profesionalizado, predictivo, poblacional, participativo y proactivo—.
Para hacer posible ese giro, la coordinación sociosanitaria deja de ser consigna y se convierte en engranaje. Galicia ha apoyado buena parte de esta transformación en su historia clínica electrónica, IANUS, que ya está implantada, al menos en modo consulta, en el 100% de las residencias con personal sanitario. De este modo, cuando un residente ingresa en el hospital y regresa a su centro, los profesionales pueden ver informes, pruebas de imagen o resultados analíticos, y la Xunta trabaja para que también la actividad asistencial en residencias quede registrada en el mismo sistema.
Tecnologías que acompañan, no invaden
A este “cerebro digital” se suman cuadros de mando específicos para el ámbito sociosanitario y el proyecto “Residente 360”, que ofrece una fotografía integral de cada persona para facilitar la toma de decisiones al pie de cama. El mapa se completa con la creación de dos centros de cuidados intermedios, en Santiago y en el antiguo hospital do Rebullón, pensados para mayores que, tras una cirugía o un proceso agudo, ya no necesitan hospitalización pero sí una rehabilitación intensiva que evite pérdida de autonomía.
Pero la innovación no se queda en los despachos. La residencia de A Estrada se ha convertido en un “living lab” donde se prueban tecnologías en condiciones reales, con usuarios y profesionales. De ahí han salido licitaciones para dotar a las residencias públicas de carros multiparamétricos para enfermería, sistemas de domótica para controlar temperatura y calidad del aire, sensores de apertura de puertas o detectores de caídas.
El director xeral subrayó que estos dispositivos no invaden la intimidad, porque no captan imagen, sino movimiento y parámetros ambientales. “Si en alguna habitación la temperatura cae por debajo de los umbrales esperados, saltan alarmas”, ejemplificó, lo que permite actuar antes de que se produzca una situación de riesgo. También destacó la rehabilitación virtual, que ha incrementado entre un 30 y un 40% la asistencia a las sesiones frente a los métodos más monótonos clásicos, con el consiguiente beneficio funcional y preventivo de la dependencia.
La “predependencia”: centros, aldeas y una tarjeta
Ese enfoque anticipatorio se despliega también en el territorio. En ciudades y villas medianas, unos 50 centros sociocomunitarios ofrecen actividades físicas, de memoria y de ocio que pretenden evitar que la jubilación se viva entre cuatro paredes. En el rural, la respuesta son las “casas do maior”: pequeños centros de atención diurna para cinco personas en concellos de menos de 3.000 habitantes, con ocho horas de actividad gratuita y transporte incluido. “Se les recoge en sus casas y se les devuelve a sus casas”, remarcó Antón Acevedo, aludiendo a ayuntamientos de montaña donde cruzar el municipio puede suponer más de media hora de coche.
A esta red se suman fórmulas que buscan movilizar a los mayores. El carné +65 llega automáticamente a los gallegos cuando cumplen esa edad y da acceso a descuentos en más de 2.000 establecimientos, desde balnearios y turismo rural hasta gimnasios u ópticas, con unos 700.000 usuarios ya en circulación. Programas clásicos como “Benestar en balnearios” o iniciativas como “Santa Ana na casa”, que lleva menús supervisados por nutricionistas a hogares donde cocinar se ha vuelto difícil, completan un catálogo orientado a mantener activos cuerpo y mente.
Los mayores retos
En la parte final de su intervención, Acevedo puso el foco en dos dimensiones menos visibles, pero decisivas: la soledad no deseada y el edadismo. La primera la definió como “una de las grandes plagas” de las sociedades occidentales y explicó la estrategia aprobada en junio, que se apoya en un convenio con Cruz Roja. Farmacéuticos, comerciantes y administradores de fincas actúan como sensores de proximidad: detectan situaciones de aislamiento y las derivan a una central que orienta a las personas hacia actividades de envejecimiento activo o grupos de memoria, para que “tengan un motivo y sepan dónde ir para no estar solos en sus casas”.
Respecto al edadismo, Antón Acevedo fue igual de contundente: “Cuando una persona se jubila, no pasa de ser una persona válida para no serlo”. La estrategia gallega contra el edadismo busca precisamente lo contrario: aprovechar el talento senior para que participe en el diseño y la implantación de estas políticas, alimentando unos proyectos “vivos”, llamados a enriquecerse con las aportaciones de profesionales, mayores y comunidad. Solo así, defendió Acevedo, Galicia podrá seguir siendo un lugar donde no solo se vive mucho, sino que se envejece bien.