El programa de “Fórmula Salud” de Onda Madrid ha pedido a varias voces relevantes del ámbito sanitario que compartan su balance del año y sus deseos para el que comienza, a modo de “carta a los Reyes Magos”. Entre ellos, al profesor Julio Ancochea, jefe de Neumología del Hospital Universitario de La Princesa y presidente de Asomega, cuya intervención ha destilado orgullo, gratitud y una defensa muy clara de la “medicina con alma”.
Ancochea arranca con un apunte personal: la alegría íntima de haber sido nombrado catedrático en la Universidad Autónoma de Madrid donde se formó y ejerció como profesor, y la emoción de haber sido propuesto como candidato a académico de número de la Real Academia Nacional de Medicina. Pero pronto se aparta del foco para situar en primer plano a Asomega y ese “sentimiento profundo” que comparten los médicos gallegos, hecho de proyectos compartidos y de un amor inquebrantable por Galicia.
El presidente de Asomega repasa un año “intensísimo”, marcado por nuevas ediciones de las becas de Oftalmología y de Medicina Rural, esta última centrada en longevidad y ruralidad. Se detiene, con emoción contenida, en la pérdida de Aniceto Charro, fundador y presidente de honor de la asociación, al que define como un médico hipocrático y un ejemplo que seguirá muy presente en la memoria colectiva. Recuerda también el Premio Nóvoa Santos, concedido al oncólogo Luis Paz-Ares y compartido con Aspronaga y la joven médica Lola Rodríguez Negreira, como símbolo de esa alianza entre excelencia científica y compromiso social.
Mirando a 2026, Julio Ancochea habla de “transformar la memoria en impulso” y sitúa a la Academia Asomega como uno de los grandes motores de futuro, con Ángel Carracedo y Luz Couce al frente. Evoca la jornada “Trayectoria y vida” en Santiago, donde maestros, estudiantes y residentes se encontraron para compartir la cultura del esfuerzo, del rigor y de la pasión por la profesión, un formato que se quiere consolidar.
Su mensaje final tiene dos claves: apostar decididamente por los jóvenes —“el futuro pertenece a quienes creen en la belleza de sus sueños”— y seguir construyendo una medicina rigurosa, pero también profundamente humana, capaz de unir generaciones, territorios y sensibilidad social.
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