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Entre el reconocimiento y la visibilidad: reflexiones sobre la profesionalidad en la era digital

El Dr. José Antonio Gegúndez, vocal de la Junta Directiva de Asomega y secretario general de la Sociedad Española de Oftalmoloía, analiza en este artículo el impacto de las redes sociales en la medicina actual.

Frente a la creciente tendencia de la autopromoción digital y el marketing en entornos clínicos, el autor reivindica la "excelencia silenciosa". Para Gegúndez, el verdadero prestigio no nace del impacto en redes, sino de la competencia, la honestidad y el servicio al paciente. Presentamos, de forma íntegra, sus reflexiones sobre la profesionalidad en la era digital:

Entre el reconocimiento y la visibilidad: reflexiones sobre la profesionalidad en la era digital

En los últimos años, y de manera especialmente visible en redes sociales de perfil
profesional, se ha extendido la costumbre de compartir públicamente la participación en
congresos, simposios y reuniones científicas. Frases como “honrado por la invitación”,
“agradecido por la oportunidad” o “un privilegio formar parte de…” acompañan con
frecuencia fotografías de ponencias, mesas redondas o presentaciones de pósteres. Esta
tendencia, lejos de ser anecdótica, se ha convertido en una práctica habitual en muchos
ámbitos sanitarios.

Asimismo, se observa una creciente tendencia a publicar imágenes en el quirófano de
cirujanos junto a otros profesionales y representantes comerciales de laboratorios,
ataviados con la indumentaria quirúrgica correspondiente y exhibiendo cajas o envases
con determinados tipos de implantes intraoculares. Esta práctica introduce elementos de
promoción comercial en un espacio tradicionalmente reservado para la excelencia clínica
y la privacidad del paciente, y la utilización de la vestimenta quirúrgica y la exposición
de productos en estos contextos puede desvirtuar el sentido ético de la profesión,
fomentando una cultura de la apariencia y el marketing en detrimento del rigor y la
discreción que deberían imperar en la actividad sanitaria.

Las redes sociales han transformado profundamente la forma en que los profesionales
comunican su actividad, ofreciendo ventajas indiscutibles: facilitan la difusión del
conocimiento, permiten el intercambio rápido de ideas, fomentan el networking y acercan
la ciencia a la sociedad. Bien utilizadas, constituyen una herramienta valiosa para
visibilizar proyectos, impulsar colaboraciones y reconocer el trabajo de equipos y
organizadores.

Sin embargo, como ocurre con cualquier herramienta poderosa, su uso exige prudencia y
sentido crítico. Cuando la comunicación profesional se desliza hacia una exposición
reiterada y centrada en la propia persona, puede generar la percepción de que la
notoriedad importa más que el contenido. La frontera entre informar y promocionarse no
siempre es nítida y, en un entorno competitivo, la tentación de reforzar la propia marca
personal puede desplazar a un segundo plano la esencia misma del ejercicio profesional:
el rigor, la competencia y el compromiso con los pacientes y con la comunidad científica.

El reconocimiento auténtico, el que perdura, no nace de la reiteración pública de logros
sino de la coherencia entre lo que se dice y lo que se hace. Surge del trabajo constante,
del estudio profundo, de la experiencia acumulada y del respeto de los compañeros,
y es fruto de trayectorias sólidas, no de impactos digitales efímeros. La reputación
profesional se construye con tiempo, y se fundamenta en la ética, los resultados y el
servicio; no puede sustituirse por una narrativa cuidadosamente diseñada y centrada en la
propia visibilidad, puesto que corre el riesgo de empobrecer la comunicación pública de
la actividad científica y alimentar una cultura de la apariencia.

Quizá el desafío actual no sea elegir entre presencia digital y discreción o sobriedad, sino
encontrar un equilibrio responsable: comunicar sin exhibicionismo, agradecer sin
grandilocuencia, informar sin convertir cada intervención en una campaña de
autopromoción. Hay que recordar que la excelencia silenciosa —esa que no necesita
proclamarse a cada paso— sigue siendo un modelo inspirador para las nuevas
generaciones, y que el verdadero prestigio no depende de cuántas veces se publica una
fotografía tras una ponencia, sino de la calidad del conocimiento que se aporta y del
impacto real que ese conocimiento tiene en la práctica clínica.

En definitiva, la era digital nos invita a repensar qué entendemos por reconocimiento
profesional. Tal vez la clave esté en recuperar una convicción sencilla pero profunda: la
valía no necesita proclamarse constantemente; se manifiesta en la competencia, en la
honestidad y en el servicio. Y esos valores, aunque menos visibles en las redes, siguen
siendo el fundamento irrenunciable de cualquier profesión sanitaria.

José Antonio Gegúndez, MD, PhD
Secretario General de la Sociedad Española de Oftalmología

Iñaki Moreno

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